9 de marzo de 2021
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El costo de la alcahuetería

30 de enero de 2010

Ha tenido que pagar por ello con una corrupción muy elevada y el enriquecimiento de sus aliados civiles y militares, pero ha acumulado suficiente poder para tomar decisiones arbitrarias y producir descalabros económicos y sociales sin que alguien pueda detenerlo, mitigar o prevenir los costos de sus acciones.
Un ejemplo ha sido el manejo después de la reciente devaluación del bolívar, que era probablemente inevitable y fue inducida en buena parte por políticas del mismo gobierno. Como iba a desatar aumentos en los precios de los bienes importados y causaría fuertes aumentos en el costo de la vida, el gobierno prohibió los ajustes de precios. Para hacer efectiva esa prohibición amenazó con expropiar a los que no obedecieran y escogió algunos chivos expiatorios para tomar medidas ejemplarizantes contra ellos. Para darles a esas acciones visos de legalidad, le ordenó a un Legislativo de bolsillo que cambiara la ley cuanto antes, como en efecto sucedió.

Al mismo tiempo, ha aumentado las importaciones oficiales de alimentos y bienes de consumo popular, incrementando la deuda pública externa para financiarlas. Es probable que lo que sigue va a ser racionamiento, especulación y mayores oportunidades de corrupción oficial y privada.
Esos problemas los tratará de remediar el Ejecutivo expidiendo otras leyes que harán más ineficiente y corrupto al Estado y generará cada vez menos bienestar para la población, mayores costos económicos y sociales, menor actividad privada y una supresión creciente de las libertades. La política se puede caracterizar como una sucesión de decisiones incorrectas que se toman para mitigar los efectos negativos de las anteriores. Esto solamente puede ocurrir cuando el poder está excesivamente concentrado y no existen controles.

La semana pasada se le dio entierro a la protección de la propiedad privada. Esta semana han renunciado ministros y está la juventud en la calle, protestando porque también agoniza la libertad de prensa y de expresión. Estas protestas son quizás manifestaciones tardías de lo que no se hizo a tiempo.
Si una sociedad no quiere dejar que le aniquilen su sistema democrático, debe proteger oportunamente sus instituciones, detener a tiempo los abusos de poder y no admitir las violaciones de las normas, por pequeñas que parezcan, para impedir que quienes están en el poder vayan cambiando de régimen a favor suyo sin consecuencias. La tolerancia, la alcahuetería y la resignación son lo que permite que avance la concentración de poder y el desmonte de los mecanismos de control que mantienen el equilibrio.

En Colombia ya se anuncia, para la semana próxima, la ponencia del magistrado ponente de la Corte Constitucional sobre el referendo. Se dice que la Procuraduría emitió su concepto: un compendio de alcahuetería legal, para darle línea a la Corte. Ojalá el Dr. Sierra, que es una autoridad en vicios de forma, nos tenga preparada una sorpresa, porque ya están ambientando por medio de anuncios que son globos de prueba el cambio en el censo electoral. El propio Presidente ha dicho que el referendo está en manos de Dios y del pueblo, pero que hay que modificar el censo (¿A Dios rogando…?).
La tolerancia y la aceptación tácita del gradual pero monumental irrespeto a las normas para alterar las reglas de juego puede desembocar en la mayor concentración de poder en cabeza de una sola persona desde que se recobró la democracia en 1958. Y en Venezuela estamos comprobando a qué conducen esos excesos.