24 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Por parte de, punto y coma

8 de diciembre de 2009
8 de diciembre de 2009

En un partido de béisbol de las Grandes Ligas (USA), el ‘comentarista’ dominicano Candy ‘O sea’ Maldonado, ex pelotero, se despachó así: “Excelente turno de parte de Jason Werth” (ESPN, X-21-09). Lo deplorable y sobremanera preocupante es que hasta los Cedros del Líbano están ya contaminados de este molesto vicio de lenguaje. Desde el señor presidente de la República, pasando por los editorialistas de los periódicos -el de El Tiempo es una fuente inagotable de ejemplos- hasta el reportero de cualquier rincón del mundo en donde se hable la lengua de Marco Fidel Suárez. Son muestras fehacientes las que hoy traigo a colación, en las cuales, para no apostillar una por una, pongo entre paréntesis las palabras que sobran: “La larga crisis política en Honduras empezó ayer a resolverse tras la firma del Acuerdo de Tegucigalpa-San José por (parte de) los delegados del presidente…” (Editorial, El Tiempo, X-31-09); “…ante el anuncio del acuerdo que permite el uso de las bases aéreas colombianas por (parte de) tropas estadounidenses…” (Ibídem, XI-20-09). “Existe una equivocada visión (por parte) de los doctrinantes que se estrella contra la realidad” (LA PATRIA, César Montoya Ocampo, XI-5-09); “…prohibir que la actividad de generación (por parte) de una empresa supere el…”; “…sin la adquisición de Isagén por (parte de) EPM…” (El Tiempo, Carlos Caballero Argáez, XI-7-09); “…que pone de relieve la falta de medidas de prevención (por parte) de las autoridades municipales…” (LA PATRIA, Al Correr de las Horas, XI-11-09); “Ha habido negligencia (por parte) del Ministerio…” (Funcionario público; Noticias, RCN, XI-2-09); “Fue evacuado por (parte de) los organismos de seguridad” (Ibídem, XI-5-09); “El abandono de sus panales por (parte de) las abejas” (El Tiempo, Mauricio Pombo, XI-3-09); “…más aplausos recibe (de parte) de los asistentes” (LA PATRIA, El Fraile, XI-22-09). Y en el tintero quedaron miles y miles de ejemplos, tomados tanto del lenguaje escrito como del hablado. Las preposiciones ‘de’ y ‘por’, ellas solas, sin colgajos, hacen su tarea cabalmente. ¿Habrá alguien, dentro del gremio de los educadores, a quien esto le importe?

El señor Mauricio Franco Jaramillo me puso a leer y a observar. La picazón que lo mortifica la produce el signo ortográfico ‘punto y coma’: si todavía se usa y cuándo. Usted, don Mauricio, puede leer mil artículos de periódico, y no encuentra el signo que lo obliga a pasar las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio. De los novelistas contemporáneos son pocos los que lo emplean, no siempre con propiedad. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, en “¿Quién mató a Palomino Molero?” tiene este período, en el cual, en lugar del ‘punto y coma’ (más apropiado), echa mano del ‘punto y seguido’: “El avionero que asesinaron en Talara. El que quemaron con cigarrillos y ahorcaron. Al que le zambulleron un palo en el trasero. Palomino Molero, un flaquito que cantaba boleros”. Según las normas ortográficas, éste -que debió aprovechar el novelista para enseñar- es un ejemplo del primero de los casos en los que es necesario usar el ‘punto y coma’, a saber, cuando dos o más de los miembros de una enumeración son frases que encierran el mismo concepto o refieren una secuencia específica. El segundo, cuando en una enumeración parecida es indispensable el uso de la ‘coma’ dentro de cada uno de los elementos que la componen: Estas emotivas palabras de don Quijote son un buen ejemplo del uso del primer requisito: “Dadme albricias, buenos señores, de que ya no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres dieron renombre de “bueno”. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios escarmentando en cabeza propia, las abomino” (II-LXXIV). Del empleo del segundo, encontré esta muy adecuada muestra en El Tiempo: “Si meten la pata, bienvenidos; si dicen barbaridades, perfecto; si nos echan en cara nuestra indolencia, lo merecemos; si atacan al Presidente y no a los bárbaros que torturan a sus hijos, es legítimo” (Salud Hernández, “Moncayo merece respeto”, XI-15-09). Si usted, señor Franco, aplica estas normas en su redacción, verá con complacencia, además de su elegancia, la claridad y facilidad con que se puede leer. Que, precisamente, para ello están la ortografía y sus signos.