27 de enero de 2021
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¿Partido desechable?

21 de diciembre de 2009

Los ancestros y parentescos que ahora reclama como liberal le valieron en ese entonces un comino, y primaron sobre ellos su desbordado afán de poder, su ilusoria candidatura a cuatro años vista que se convirtieron en ocho y quizá en más y un orgulloso portazo a las tesis de su colectividad, a su candidato oficial y a la posibilidad de que su partido retornara al poder.

Cogido del tiempo y nervioso ante la ventaja que otros como Juan Manuel Santos, Andrés Felipe Arias y Noemí Sanín le han tomado en la carrera por alcanzar el testimonio que eventualmente podría entregarle a uno de ellos el presidente Uribe Vélez, pretende acortarla mediante el doping que le representaría —  ahora sí – el poco probable apoyo del liberalismo.

Y aunque está claro que la peor pandemia que padece Colombia es el retardo mental de millones de sus habitantes, es previsible que ella no sea tanta como para que miles de leales y tradicionales liberales olviden de la noche a la mañana la traición vargasllerista del año 2002.

Esas banderas liberales con las que se arropó orgulloso su abuelo Carlos Lleras, quien en forma enhiesta las defendió en las peores épocas de la violencia y las enarboló con limpieza y honestidad desde la más alta magistratura de la nación, solo desdén le merecieron a su ahora envalentonado nieto cuando las portaba hace siete años Horacio Serpa Uribe.

Hoy, casi olvidado por las encuestas y en el mejor de los casos refundido en ellas con el margen de error, quiere no solo el respaldo liberal, sino ordenarle a su jefe único y candidato oficial, Rafael Pardo, cuando, cómo y con quien es que debe entablar conversaciones y alianzas que puedan fructificar para atajar el nuevo atropello que se quiere consumar contra la democracia y la Constitución.

Ahora sí el partido liberal, repudiado y rechazado por Vargas Lleras hace siete años, resulta importante y digno de ser tenido en cuenta dentro de sus presupuestos políticos o politiqueros, empeñado como está en una consulta interpartidista con Rafael Pardo, de ganar la cual se convertiría en un Caballo de Troya para el liberalismo, necesitado como está de cambiar   el camino neo liberal que ha venido transitando últimamente.

Como a Uribe Vélez le dio resultado, todos a una quieren ahora los uribistas, con Vargas Lleras a la cabeza, arroparse en la llamada seguridad democrática y en mostrarse cual Rambos guerreros y super poderosos contra las Farc, como si alguno  de los otros candidatos hubieran anunciado su decisión de no seguir combatiéndolas.  

La seguridad democrática, es decir la lucha a fondo y de frente contra la subversión y el terrorismo, es algo irrenunciable para cualquiera que llegue a la presidencia de la república, y esta es una verdad de Perogrullo que nada ni nadie está dispuesto a desconocer o rechazar, como que es un mandato constitucional.

Lo que pasa es que ella se ha convertido en la enjalma de lujo que cubre al maltrecho jamelgo que es el país, y que no deja ver las mataduras, úlceras y llagas que debajo de ella permanecen.