21 de octubre de 2019
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¡Mamma mía, viene Berlusconi!

17 de diciembre de 2009
17 de diciembre de 2009

La aldea global sabe que "Il Cavaliere" le tira a lo que se mueva. Así sea a un anoréxico palo de escoba.

El Diccionario de la Academia disponible en Internet incluye 39 entradas del verbo tirar. La que le sale a Berlusconi es la acepción 35. A ella los remito. No por mojigatería sino para propiciar el siempre enriquecedor contacto con el DRAE. (Bueno, "a petición del público", reproduzco la escueta acepción 35: "poseer sexualmente a alguien". De nada).

El día D (del desembarco) no está confirmado. Pero la sospecha existe. Don Silvio, dispuesto a internacionalizar su libido, ya notificó al Presidente de Panamá, primera escala suramericana, que le caerá el próximo año. Y no precisamente para conocer las esclusas.

Cuando se vieron, Berlusconi le mató el ojo a su colega tercermundista. En la jerga del varón domado, una matada de ojo equivale a un exhaustivo pliego de peticiones. Algo así como: "Yo veré qué "velinas" me tienes".

Esta columna estableció de buena tinta que en el Palacio de Nariño, asiento de la familia Uribe Moreno, ha cundido el pánico. Temen que el Casanova 2009 saque al jefe cabeza de familia de su monótono libreto (trabajar, trabajar, trabajar) y se lo lleve de farra. Sería la primera vez en siete años que el mandatario de mi patria colombiana peque por fuera de casa. ¡Ojalá!

Algunos burócratas italianos han tratado de convencer a don Silvio de que espere a ver si hay cambio de tendido en Palacio. Con otro anfitrión-presidente, el menú oficial sería menos monacal. Hasta le tocaría pernoctar en la Casa de Huéspedes, en Cartagena, donde espantan desde hace años.

Si Dios y la Corte permiten otra reelección, veo a Berlusconi bostezando en algún Consejo Comunal, o asistiendo al "desmantelamiento" de algún laboratorio de cocaína, con plomo amigo incluido. Que no falte el embajador gringo improvisado como adormecedor guía turístico.

Protocolo de Palacio, de la mano del diminuto jefe, don Julito Riaño, anda corriendo bases, estudiando cómo ubicar a las mujeres que asistirán al inevitable banquete oficial. Como don Silvio no respeta pinta, Riaño y sus muchachos estudian el "casting" de feas para poner algunas de ellas cerca de sus primermundistas manos. Ingenioso truco para tratar de anestesiarle la libido. Modestamente propongo sentarlo al lado de alguna gorda de Botero.

En la embajada italiana, los subalternos de Berlusconi tratan de cuadrarle una agenda movida. Saben bien que su exigente patrón no se desvelará por conocer las salinas de Zipaquirá. Nada de subirlo a Monserrate. Él aspira a subidas y bajadas más acordes con su temperamento de marido cero kilómetros desde que lo echó Verónica, su mujer.