20 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

Individualismo, clima de negocios y desarrollo

5 de diciembre de 2009

Sorprendentemente, una mayoría de los participantes prefirió la opción que le ofrecía la oportunidad de poder ganar ellos solos y que su compañero no ganara nada, a que los dos ganaran 20 y los pudieran repartir. El costo de tomar esta decisión es que el compañero anticipe esta preferencia o la comparta, no colabore y pierdan ambos.

Si este comportamiento predomina en la sociedad, como se sospecha, implica que estamos dispuestos a sacrificar lo que es mejor para la colectividad para preservar la oportunidad de ganar individualmente más que los demás, lo cual conduce posiblemente a un resultado agregado inferior al que se lograría si se prefiriera maximizar lo que gana la comunidad. Esto podría explicar por qué se tolera la desigualdad, la corrupción y la ineficiencia. Al parecer, toleramos altos niveles de ineficiencia social del sistema político y malos gobiernos para preservar las oportunidades que tienen los que detentan el poder de ganar más que los demás. El costo social de este comportamiento y de estas preferencias es muy alto en términos de la desigualdad que genera y de las oportunidades perdidas.

Pero no solamente se pierden oportunidades colectivas, sino que las empresas y los hombres de negocios también dejan de ganar porque desperdician oportunidades de colaborar o de asociarse con otros para generar mayor riqueza. Los ejemplos de este comportamiento en el mundo de los negocios abundan lamentablemente. Por ejemplo, los empresarios que dirigen u operan firmas en las que su trabajo es clave para el desempeño de la empresa, como por ejemplo diseñadores reconocidos o gestores de proyectos exitosos, tienden a minusvalorar el aporte de sus socios capitalistas o aun el de los que les colaboran en otros aspectos esenciales para el éxito de sus negocios.

Esto induce frecuentes conflictos entre socios y da lugar a que la figura clave, el gestor o prima donna, desplace a los demás o termine comprándoles sus participaciones, con lo cual se minimiza el pesar de tener que compartir el fruto del trabajo del "socio industrial" o del gestor, pero se pierden oportunidades para crecer.

Seguramente es natural que este conflicto aparezca y quizás parezca satisfactorio que en el mundo de los negocios triunfe alguna vez el trabajo sobre el capital, pero el resultado es inferior al que se lograría si colaboran y llegan a un acuerdo equitativo sobre la distribución. Pero en la mayoría de los casos son los dueños del capital los que tienden a subvalorar los aportes de las ideas, de la tecnología o del trabajo y quieren la parte del león.

No es inusual observar que se pierde una oportunidad tras otra de generar riqueza, empleo y bienestar porque en la junta directiva aparece un personaje que hace la siguiente pregunta: "¿Por qué les vamos a dar a ellos el cuarenta (treinta o veinte) por ciento, si nosotros estamos poniendo el capital (el prestigio, el nombre, los contactos, los contratos)?".

Esta es una de las dos o tres preguntas más destructoras de valor en los ambientes de negocios en Colombia, porque quienes promueven el proyecto quedan inhibidos por el paradigma de "nosotros contra ellos" y no responden como deberían, que si no se les da a los otros equis por ciento no colaboran y se pierde la oportunidad.

"Es mejor el sesenta por ciento de algo que el ciento por ciento de nada", más aún si produce empleo y desarrollo económico.