23 de enero de 2021
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El tigre que hay en ti

26 de diciembre de 2009

Como era de esperarse, la prensa sensacionalista está feliz destrozando el cuero del Tigre. Desde que se desató el escándalo en la primera semana de diciembre no ha pasado un solo día en que la figura del carismático deportista no aparezca en los noticieros de televisión o en las primeras páginas de los periódicos y revistas estadounidenses. Antes su imagen vendía por sus hazañas deportivas, hoy por sus aventuras extramaritales. A los medios de comunicación les da lo mismo que sea lo primero o lo segundo. Ese no es su problema.

El que está en problemas, y serios, es ‘el Tigre’, pues su consagración como deportista y su consolidación como una de las figuras públicas más atractivas de Estados Unidos, tienen que ver directamente con dos palabras que a los gringos les encanta: honestidad y sacrificio. Para ellos todas aquellas personas que estén en capacidad de demostrar que sus logros obedecen a la combinación de esas dos virtudes tienen asegurado un lugar muy destacado en la galería de sus héroes.

Y Tiger Woods respondía a la perfección a ese modelo prefabricado que terminó por imponerse en Estados Unidos: hijo de afrodescendiente y tailandesa, quienes con mucho esfuerzo lograron sacar adelante a su familia, entre ellos a Tiger, quien desde muy pequeño demostró habilidades extraordinarias para jugar golf. Su talento lo convirtió rápidamente en la gran sensación en ese campo y su ascenso vertiginoso en el escalafón del PGA terminó por catapultarlo como el deportista más importante del mundo. Hoy por hoy Tiger Woods es una máquina de producir millones de dólares. Sus participaciones en el Master de Augusta han sido los eventos deportivos con mayor audiencia en Estados Unidos y cada uno de los torneos en que hace presencia multiplica por miles sus ingresos.

No deja de ser curioso que un país que le perdonó a Bill Clinton su affaire con Mónica Lewinsky y que celebró las ‘conquistas’ de John F. Kennedy, se ensañe con Tiger Woods. Quizás ello tiene que ver con el hecho de que hay un “país profundo” que sigue siendo racista y al que poco le importa que la inmensa mayoría de sus habitantes haya elegido como Presidente de la República a un afrodescendiente por primera vez en su historia. De poco ha servido que Woods haya ofrecido disculpas públicamente a su familia y al país por la que calificó como una conducta indecorosa, pues ni siquiera sus anunciantes –los mismos que quintuplicaron sus fortunas a costillas de sus éxitos- mantuvieron su respaldo. Sólo Nike informó que continuará auspiciándolo.

De manera que Tiger tendrá que remar contracorriente si quiere recuperar el aprecio de sus paisanos y el afecto de su familia. Está probado hasta la saciedad que a la hora de destrozar ídolos, los influyentes medios de comunicación de Estados Unidos no se miden en gastos. En el caso de la infidelidad de Woods, ellos quieren más sangre y les cuesta creer que, como todo mortal, al golfista número uno del mundo sólo se le despertó el tigre que todos los hombres llevamos dentro. El Heraldo.