17 de enero de 2021
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El eje chavista arremete contra la «ofensiva hegemónica» de EE UU

14 de diciembre de 2009
14 de diciembre de 2009

El maestro de ceremonias en la inauguración del encuentro fue Raúl Castro, que denunció "la ofensiva hegemónica" de Washington y planteó un escenario de lucha entre las "fuerzas revolucionarias y progresistas", encarnadas por los nueve países que integran el ALBA, y el "modelo económico dependiente, elitista y explotador" de Estados Unidos.

Con ese arranque y esos truenos, todo quedó dicho y resumido desde temprano. Al mandatario cubano le escuchaban ayer en el palacio de las Convenciones de La Habana el presidente de Venezuela y fundador del ALBA, Hugo Chávez; el boliviano Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega. También estaba Patricia Rodas, en "representación del legítimo Gobierno de Manuel Zelaya", y el canciller ecuatoriano, Fander Falconí.

El conflicto hondureño ocupó lugar destacado en las palabras de Castro, y será objeto de una declaración específica de la cumbre. La posición la adelantaba ayer el mandatario cubano: será una condena abierta al "Gobierno usurpador y golpista, impuesto con apoyo de la Administración norteamericana, que ha tratado de legitimar una farsa electoral". Según Castro, la historia diferenciará entre la actitud de defensa de la legalidad asumida por la mayoría de los Gobiernos latinoamericanos, y la posición de los que se "doblegaron ante el imperio" y "terminaron aceptando la maniobra golpista".

Hace cinco años, cuando Fidel Castro y Hugo Chávez fundaron el ALBA, el propósito era contrarrestar la influencia de Washington en la región, que por entonces promovía un acuerdo de libre comercio regional, el ALCA. Entonces en la Casa Blanca dormía George W. Bush. Con Obama en el poder parecería que las tensiones deberían remitir, pero ayer quedó claro que -en principio- no.

Raúl Castro criticó duramente al presidente de EE UU: el acuerdo para el uso conjunto de bases militares colombianas es, dijo, "expresión de la ofensiva hegemónica que despliega el Gobierno norteamericano" y supone una "agresión contra toda América Latina". Ese acuerdo y la "reactivación de la IV Flota" en la región tienen la "intención" de "concretar la doctrina político-militar de ocupar y dominar a cualquier precio el territorio que siempre ha considerado como su traspatio natural".

La cumbre precisamente pretende fomentar la unidad y revitalizar el espíritu "bolivariano" y de izquierdas, en estos momentos de "crisis" y "peligros". Hay que plantearse "metas y objetivos audaces, partiendo de una comprensión realista de las circunstancias, obstáculos y peligros que nos plantea la actual coyuntura internacional", afirmó Raúl Castro.

El cemento de la integración pasa por la ideología, pero más aún por la economía. El petróleo venezolano y la colaboración cubana en la esfera de la salud siguen siendo la piedra filosofal del esfuerzo integrador de Chávez y Castro. Pero se pretende más. Si en la pasada cumbre del ALBA se acordó crear un nuevo mecanismo financiero en 2010 para promover el comercio "sin utilizar el dólar", a través de una nueva moneda denominada sucre, ahora se ha realizado simbólicamente la primera operación libre del "yugo" de la divisa norteamericana.

El escenario se plantea militarmente, casi como una batalla. "Los tiempos que vivimos reflejan que en América Latina y el Caribe se agudiza el enfrentamiento entre dos fuerzas históricas", dijo Raúl Castro. De un lado está un "modelo político y económico dependiente, elitista y explotador, heredero del colonialismo y el neocolonialismo". Del otro "las fuerzas políticas revolucionarias y progresistas", comprometidas "con la verdadera independencia de los pueblos de la región".

La cumbre termina hoy y tiene previsto analizar "el fracaso de las negociaciones" en Copenhague y la falta de "compromisos concretos, reales y verificables para enfrentar los efectos del cambio climático". Se espera un documento de los países del ALBA sobre dicha cumbre.