16 de enero de 2021
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El capo arrepentido que amenaza el futuro de Berlusconi

4 de diciembre de 2009
4 de diciembre de 2009

En un búnker subterráneo del Tribunal de Apelación, llamado la maxiaula, más de 200 periodistas han ocupado todos los lugares reservados para ellos, mientras los jueces de Palermo llamados a confirmar o revisar la sentencia a nueve años de cárcel de Marcello Dell'Utri, mano derecha de Slivo Berlusconi, empeziezan a partir de hoy a oír las verdades del uomo d'onore de los hermanos Graviano, capos del barrio palermitano de Brancaccio, y núcleo duro de la encarcelada cúpula de Cosa Nostra.

Las medidas de seguridad son extraordinarias, con muchos policías y carabineros custodiando el edificio y buscando explosivos. También la expectación que ha levantado el testimonio de Spatuzza dentro y fuera de Italia es notable y parece justificada. De lo que diga al fiscal Antoninno Di Gatto el arrepentido excelente puede depender el futuro inmediato no solo de Dell'Utri y Berlusconi, sino también de Italia.

Spatuzza, un asesino convicto y confeso, es un hombre nuevo, aunque apenas se le puede ver porque declara escondido tras un biombo de seis hojas. El tipo había aprobado ya seis exámenes de la carrera de teología en la cárcel donde estaba preso (Ascoli Piceno) hasta que empezó a cantar, cuando en marzo pasado decidió colaborar con la justicia.

Sus acusaciones, reunidas en más de 1.000 páginas de actas, han obligado a reabrir ya varios procesos cerrados con condenas y otros archivados. Spatuzza ha implicado muy gravemente a Berlusconi y a su socio siciliano, cofundador de Forza Italia y patrón de Publitalia, en las matanzas mafiosas de 1992 y 1993.

Muy bien informado

La importancia de su testimonio estriba en que fue durante 25 años un capo muy bien informado: regente del mandamento (distrito) de Brancaccio, recibía órdenes directas de la cúpula mafiosa, como hombre de confianza de los poderosos Giuseppe y Filippo Graviano. Estos, en vez de maldecirlo y llamarle "infame", como manda el código de honor con los pentiti, le han mostrado su respeto. Aún más preocupante para Dell'Utri y Berlusconi, Totó Riina, el capo dei capi corleonés, asiste a las revelaciones mudo en su celda.

Spatuzza contará en publico lo que ha contado en privado a los fiscales antimafia: que fue él, y no el hombre al que habían condenado, quien robó el 127 que sirvió para matar al juez Paolo Borsellino y a cinco de sus escoltas en julio de 1992.

Además, se autoinculpó de los atentados mafiosos que durante 1993 sembraron el pánico en Florencia, Roma y Milán. Y sugirió que los autores intelectuales de esas "muertes de inocentes", según señaló, fueron precisamente Dell'Utri y Berlusconi, que habían diseñado la estrategia con sus jefes, los Graviano, ya que, según estos le dijeron, Forza Italia era el nuevo referente político de Cosa Nostra una vez desaparecida la Democracia Cristiana.

Aunque Dell'Utri y Berlusconi han calificado de locura las acusaciones, la amplitud y el contexto de las declaraciones del pentito revelan que todo el frente mafioso está amenazadoramente en ebullición. Según el especialista Giuseppe D'Avanzo, "la Cosa Nostra siciliana se prepara a pedir la cuenta a Berlusconi porque se siente abandonada tras las negociaciones de los años noventa".

La factura más inquietante para el primer ministro sería la patrimonial. Spatuzza ha glosado el oscuro origen de la fortuna de Berlusconi, y ha recordado que los Graviano optaron por esconderse en Milán en vez de en Brancaccio porque "allí estaba su dinero y las personas que lo custodiaban".

De ahí a que el magnate sea procesado por complicidad mafiosa y por idear los atentados hay un trecho largo. Pero no se debe olvidar que Italia es el país que juzgó a Giulio Andreotti.