21 de octubre de 2019
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Edilberto Zuluaga Gómez, un escritor aranzacita

20 de diciembre de 2009
20 de diciembre de 2009

Digo, entre otras cosas, que en esa novela se presagia a un autor que de explorar en nuevas técnicas narrativas podría lograr un libro de mayor consistencia estética, con una estructura moderna. Sostengo que la novela mencionada es una narración lineal, escrita en un lenguaje sencillo, con poco ritmo narrativo. Incluso le recomiendo a su autor que, para depurar el estilo, lea novelistas como Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Miguel Angel Asturias y Juan Rulfo, entre otros.

Pues bien: casi diez años después de haber publicado el libro “Aranzazu, su historia y sus valores”, he tenido la oportunidad de leer nuevas obras literarias de Edilberto Zuluaga Gómez. Y, para ser honesto, debo decir que he encontrado en estos libros a un escritor más maduro, con un lenguaje más plástico, con mejores recursos narrativos. Después de leer “Lecturas en el parque”, un pequeño libro de relatos cortos, puedo decir que me encontré con un escritor más profesional, con un mejor dominio de la técnica y, sobre todo, con un excelente manejo del paisaje.  Es decir, en este libro descubro, en hora buena, a  un autor que ha alcanzado solidez literaria.

“Lecturas en el parque”, de Edilberto Zuluaga Gómez, invita a una nueva valoración crítica de su trabajo literario. Hay en este libro de 80 páginas un narrador más fornido, con un mejor manejo del lenguaje literario. Aunque son relatos cortos, le dan la oportunidad al escritor de regodearse con el estilo, de construir frases  efectistas, de realizar siluetas afortunadas de los personajes. En ellos, la anécdota logra que el hilo narrativo despierte el interés del lector. Esto se nota, por ejemplo, en el cuento “Una escena de corraleja”, donde el narrador en primera persona cuenta la historia de un toro que, al ser enlazado por los cuernos, una vez el vaquero ata la soga en el cacho de la silla, el animal lo derriba.

Los relatos del libro “Lecturas en el parque” son pequeñas historias contadas con encanto literario. Como el cuento “Autor inédito”, donde un escritor principiante se deja convencer de un amigo para que publique el primer libro. Le dice que de la venta se encargan los libreros. Entonces  el autor se embarca en la edición de 500 ejemplares. Los lleva luego a las librerías. Y se alegra cuando ve su libro exhibido en las vitrinas. La gran paradoja del cuento es que cuando meses más tarde va a recoger el dinero, se encuentra con que sólo ha sido vendido un ejemplar. Así las cosas, le devuelven 499. Al final descubre que el único comprador fue el amigo que le recomendó la publicación.

Los espacios geográficos de las historias narradas por Edilberto Zuluaga Gómez en “Lecturas en el parque” son, en su orden, Aranzazu y Santa Marta. Aranzazu es el pueblo donde el autor vivió los años de su infancia. Santa Marta es la ciudad donde laboró 25 años como empleado bancario. En el cuento “Un día en la ciudad”, bien logrado en su forma literaria, el escritor recrea esa ciudad donde “el sol peina las colinas con su color miel”. Mientras tanto, en el relato “Sonaba la música”, la historia transcurre en Aranzazu. Un dirigente político llega al pueblo y, desde un balcón en la plaza, se dirige a sus copartidarios. El cuento tiene un final sorpresivo: el balcón cede ante el peso de la gente que acompaña al político. Sin embargo, al caerse, todos salen ilesos.

Edilberto Zuluaga Gómez tiene ya una amplia trayectoria literaria. Ha publicado, además de “Amores en la puerta del sol”, la novela “Viaje hacia el amanecer”, ganadora del Premio Nacional de Novela Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia; también “Impacto en el primer movimiento”, que ocupó el primer puesto en el Concurso Nacional de Novela Casa de la Cultura de Salamina. Estas obras, como dije antes, motivan una nueva valoración de su trabajo  narrativo. Como lo motiva, igualmente, su ensayo “El incesto en Cien años de soledad”, un opúsculo donde Zuluaga Gómez sostiene que algunas escenas de la novela cumbre de Gabriel García Márquez fueron inspiradas por la obra “Edipo Rey”, de Sófocles.