24 de mayo de 2019
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De seguir así, ¿seguiremos solos?

8 de diciembre de 2009

En este rifirrafe de agravios, más provenientes del gobierno de Chávez y del mismo Hugo Chávez, el país se está enfrascando en un callejón sin salida con consecuencias no sólo económicas sino políticas y militares.

Venezuela vuela el jueves dos puentes fronterizos aduciendo que sirven para comerciar drogas y el Gobierno colombiano se queja ante la Oea por el altercado.

Lo mismo sucede con las palabras necias y belicosas del presidente venezolano quien incita a la guerra con Colombia. Ante estos últimos agravios y con una lógica pertinente, ante la insensatez de la situación, el Gobierno colombiano afirma que "no producirá gestos de guerra". Aunque es una política madura y hasta conciliadora ante la situación, no es suficiente.

No es suficiente porque el problema sigue ahí. No es suficiente porque la incomunicación sigue estando presente y porque no se ponen sobre la mesa los temas críticos que han originado esta ruptura.

Ahora el Ministro de Defensa afirma que pondrá en marcha un esquema especial de seguridad para vigilar la frontera.

De lo mismo ha hablado en más de una ocasión el presidente Chávez. Entonces, aun cuando se discuta el tema, sobre un problema en común, como lo es el territorio fronterizo, cada quien trabaja por su lado, bajo la lógica de la desconfianza, mostrándole los dientes al vecino.

Y ahora la gente está de por medio. Ya no sólo es el lenguaje. Con lo de la voladura de los puentes, se cometió un acto agresivo contra la población civil. Devolver colombianos indocumentados es también una acción contra la población y acabar con el comercio es una afrenta directa al bolsillo de miles de colombianos y venezolanos.

Mientras tanto, los mandatarios de Colombia y Venezuela siguen agrediéndose y acusando al otro con terceros.

El problema es que en medio de este alboroto tanto los venezolanos como los colombianos han olvidado sus causas. Causas que no solamente nos separan de nuestro hermano (es un pueblo hermano, querámoslo o no) sino de la mayoría de países de la Región.

Y una causa de peso, gústenos o no la reacción de Chávez y de otros líderes latinoamericanos, es el tema del acuerdo bajo el cual Colombia autoriza a soldados de Estados Unidos a usar siete bases colombianas para realizar operaciones contra el narcotráfico y el terrorismo.

El tema, como ya se ha dicho hasta la saciedad, ha sido muy mal manejado por el Gobierno colombiano y muy mal manejado por la administración Obama. Realmente, hasta el día de hoy, no se ha puesto sobre la mesa el texto del acuerdo y sus implicaciones. Los gobiernos no lo han expuesto claramente como tampoco se ha analizado abiertamente el tema del armamentismo venezolano
.
No está mal que, en casos como estos, el Gobierno colombiano recurra a las Naciones Unidas, como principal escenario de la diplomacia mundial. Un tercer gobierno o un enviado de la ONU podría facilitar el diálogo entre los mandatarios.

Darle la oportunidad a la mediación es algo clave en momentos como estos en los que se rompe la confianza. El problema aquí es que tanto el gobierno de Uribe como el de Chávez se tienen que convencer de que el diálogo es la mejor salida. ¿Lo creerán?

Lo cierto de todo esto es que el problema no es sólo el alejamiento entre Colombia y Venezuela: el problema de fondo es el alejamiento entre Colombia y el continente. La falta de diálogo y, hasta ahora, la falta de interés por conseguir un mediador entre las partes, ha llevado al recrudecimiento de la crisis bilateral e incluso a enemistarnos con el vecino.

El convencimiento de que la diplomacia colombiana se debe seguir mirando bajo el escrutinio y la batuta de las directrices de Washington, sumado a una ausencia de información con nuestros vecinos, sigue llevando a Colombia a alejarse de la Región. La pregunta pertinente es: ¿hasta cuándo seguiremos solos? El Pilón.

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