20 de enero de 2021
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¡Cómo cambia la vida!

12 de diciembre de 2009
12 de diciembre de 2009

Podríamos decir también que “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero definitivamente creo que cada día empeoran muchas cosas en materia política, amparados en el realismo mágico que ha producido la “seguridad democrática”. Y ha sido a tal punto sacralizado el autor de dicha seguridad, que su escudero y promotor de su reelección perpetua, ha afirmado en la localidad de Florida, que lo que es necesario perpetuar es la mano dura de Uribe, sus pantalones y sus “pelotas”. Y yo, después de oír estas expresiones de “Uribito”,  pensaba que en materia programática hemos caído en lo más bajo, porque algo hay de diferencia entre glorificar un cerebro a unas “pelotas”. Al menos José Obdulio Gaviria se ha empeñado en mostrar que no existe un genio más grande como el de Uribe, en materia  de política y de economía. Y por lo menos hay que darle el crédito de que lo dice como si fuera cierto.

Pero quiero hacer alusión al pasado para recordar que las embajadas eran aquellos cargos en donde se nombraban a personajes de reconocida solvencia intelectual y ética para que nos representaran en el exterior. Incluso, los perseguidos políticos podían pedir asilo con la seguridad de encontrar en ellas la protección necesaria para evitar que se cometieran injusticias.

Recordemos que en la embajada de Costa Rica solicitó asilo el señor primo del presidente Uribe y se le fue negada en la medida que se le perseguía por delito que no era político.

Pero hoy hemos visto cómo, en el caso del antiguo director del DAS, hubo necesidad de repatriarlo de Italia para que respondiera por delitos no políticos, pues había sido nombrado en un consulado, es decir, en un lugar tan importante como el de una embajada.

Y para completar, quien fuera gobernador de Sucre, debió comparecer ante los tribunales de Colombia para responder por la autoría intelectual del asesinato de un alcalde de dicho departamento. Pero lo más aberrante no es que el entonces gobernador hubiera mandado a matar al alcalde de El Roble, sino que éste había denunciado al gobernador Salvador Arana, en medio de un consejo comunitario en donde estaba presente el señor presidente Uribe. Y aún más grave, que Salvador Arana hubiese sido nombrado funcionario en la embajada de Chile, de donde viajó a Colombia y fue condenado a 40 años de cárcel por su delito. Bien por la justicia, muy mal para quien hace los nombramientos del personal diplomático, el doctor Uribe.

Total, sin que todo tiempo pasado sea mejor, sí podríamos decir que fue un poco más decente en materia de manejo político.