15 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Vía a San Cancio, a punto de convertirse en un dolor de cabeza

15 de noviembre de 2009
15 de noviembre de 2009

Hace más diez días está cerrado el paso por un derrumbe que cubre la banca de la carretera, unos 80 metros adelante de la entrada a la clínica psiquiátrica San Juan de Dios, y no ha sido posible que la secretaría de Obras del Municipio desplace una máquina al lugar para que proceda a realizar su remoción.

"No tiene dolientes", dijo el presidente del Club de Leones Manizales la Suiza, Óscar Llano Betancourt, después de que hizo un recorrido a pie por este tramo.

Sin embargo, este derrumbe no es el único problema de esta carretera de unos tres kilómetros de longitud que lleva a la cima de San Cancio, el sitio más estratégico para tener una vista panorámica del perímetro urbano de la cafetera capital caldense. Veinte metros más arriba de este primer obstáculo hay un negativo hacia la izquierda que amenaza con llevarse lo poco que queda de la banca carreteable.

Como ningún funcionario de la administración municipal utiliza esta vía, no ha sido posible que se construya un muro de contención para facilitar la reconstrucción de la banca.  

Pero los problemas no paran allí. Como a la carretera no se le hace ningún tipo de mantenimiento, cada veinte metros hay cárcavas dejadas por las aguas lluvias que bajan sin control alguno llevándose el poco cascajo que queda.

Una vía así constituye una potencial amenaza para la estabilidad de todo el cerro y por añadidura de todos los barrios que están emplazados en su zona de influencia, entre ellos Fátima, Malabar, Aranjuez y Pío XI. Si no se protege adecuadamente la carretera con transversales de un diámetro no inferior a las veinticuatro pulgadas, cunetas, estabilización de taludes, embalastada y otras obras de arte, el morro de San Cancio terminará precipitándose sobre el río Chinchiná y los sectores aledaños.

Por imprevisión, dejadez y negligencia oficial,  nuestro hermoso cerro tutelar dejará de ser una belleza natural para convertirse en un terrible dolor de cabeza.