16 de enero de 2021
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Pereira, de rebusque por desempleo; el 23,1% de sus habitantes no tiene trabajo

9 de noviembre de 2009
9 de noviembre de 2009

Los vendedores en las calles y el creciente número de locales con letreros de 'Se arrienda' muestran que las cosas no andan bien en Pereira, la ciudad con más desempleo en el país (23,1% según el Dane).

"Hasta junio, el pago de los cánones de arrendamiento estuvo normal. Pero de julio para acá muchos han caído en el incumplimiento", comentó el propietario de una inmobiliaria, de 20 años.

La gente no está dejando de pagar los servicios públicos pero sí está buscando refinanciación. "Buscan opciones porque son conscientes de que si no pagan les cortan el servicio", comentó Jorge Trujillo, director de Recaudo de la empresa Multiservicios, encargada de cobrar el agua y la energía.

Según el Observatorio del Mercado Laboral de Risaralda, en el que participan entidades como el Ministerio de Protección Social, la Gobernación y las Cámaras de Comercio, el desempleo está creciendo por la llegada de foráneos a la capital. El secretario de Planeación de Risaralda, Diego Andrés Toro, afirma que el 50 por ciento de la población del departamento es de afuera.

"Lo que estamos viendo es que están llegando nuevas personas a buscar trabajo, entre ellas las que retornan de otros países", asegura Eric Duport Jaramillo, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Pereira.

'Me cansé de repartir hojas de vida'

Diana Montoya, una joven de 19 años, se cansó de repartir hojas de vida y decidió salir a la calle a vender dulces desde hace un año.

Desde hace cuatro meses, Diana cambió de oficio. Se pasó a vender libretas de notas con lapicero incluido, por el valor de mil pesos.

"Con los dulces era duro. Al día no me hacía sino 4.000 pesos y eso no alcanza para nada", cuenta la joven, que compra la mercancía en una cacharrería. Cada combo de libreta más lapicero le vale 550 pesos.

Diana trabaja desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde en la esquina de la carrera séptima con calle 21, a un costado de la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, vocación que ya no es exclusiva de la Virgen María, y aplica para todos los que se recuestan en las paredes de piedra a esperar a que un peatón les compre algo.

La joven cuenta que es duro buscarse la plata en la calle. "Toca aguantarse muchas cosas. Desde aguaceros hasta los operativos de Espacio Público. No me quitan nada, porque la mercancía la cargo en el morral (…) Además, pasan viejos que me ofrecen hasta 30.000 pesos y dicen que ellos pagan la pieza. Yo les digo que están equivocados, que soy vendedora pero no 'prosti'", cuenta.

Diana reúne al día unos 15.000 pesos, que se suman a los 120.000 pesos semanales que se gana su esposo en un lavadero de autos. Con eso sostienen a la familia.

Minutos a cien para sobrevivir

En las mañanas, Óscar* se dedica a administrar la biblioteca de un colegio. En las tardes, se dedica a administrar una venta de minutos por celular en la Plaza de Bolívar.

"Soy bibliotecario. Desde hace cuatro años llegué a Pereira, antes vivíamos en Mistrató", dice este hombre, que desde hace dos años se dedica, junto con su esposa, a la venta de llamadas.

Ella, antes de vender minutos, vendía productos por catálogo. "Ese negocio ya no daba, la gente no tiene con qué comprar", afirma el bibliotecario.

Por su trabajo en el colegio, Óscar recibe 1 millón 100.000 pesos al mes; por la venta de minutos le quedan libres unos 680.000 pesos, con lo que ajusta para el pago del arriendo, el colegio de los tres muchachos, el mercado y colaborarle a la suegra.

"Esto está muy duro. Hace un rato vino mi cuñada a contarme que nada que le resulta trabajo. Aquí en la plaza todos los días llega gente con algo para vender", dice Óscar, a quien ya le han robado siete celulares.

'He visto recortes de gente y el cierre de una empresa'

Mariana* tiene 28 años. En el 2004 se graduó como administradora del medio ambiente y está terminando una especialización en gerencia de proyectos. Después de casi siete años de estudios universitarios, hoy va de empresa en empresa, cumpliendo con sus tareas de asesora comercial, porque no ha podido conseguir trabajo en lo que sabe hacer. "Cuando me gradué, trabajé dos años en mi profesión, pero solo conseguí contratos temporales o de prestación de servicios, que no volvieron a renovar", explica.

Cuando comenzó de asesora comercial, se ganaba, por cumplir las metas, hasta 2 millones al mes. Ahora, a duras penas alcanza a sumar los 700.000 pesos mensuales.

"Veo la situación muy dura, no solo para mí, sino para toda la economía de la ciudad. He visto cómo las empresas que asesoro han recortado gente. Incluso una ya cerró sus puertas y mandó a la calle a 30 empleados. Quisiera trabajar en lo que estudié, pero lo veo duro", dice.

*Nombres cambiados por petición de la fuente.

ANGÉLICA ALZATE BENÍTEZ
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
PEREIRA