28 de septiembre de 2020
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Los “miedos” de Colombia para llegar a Asia

15 de noviembre de 2009
15 de noviembre de 2009

En el 2008, diez ciudades de Perú fueron sede de más de 129 eventos principales y 1.000 secundarios de APEC. El costo en el que incurrió el Gobierno superó los 30 millones de dólares. - AFP
En el 2008, diez ciudades de Perú fueron sede de más de 129 eventos principales y 1.000 secundarios de APEC. El costo en el que incurrió el Gobierno superó los 30 millones de dólares. – AFP

Análisis

ADRIANA ROLDÁN PÉREZ, INVESTIGADORA CENTRO DE ESTUDIOS ASIA PACÍFICO UNIVERSIDAD EAFIT
UnPeriódico

Este rezago ha impedido que las exportaciones, el comercio, la industria, la cooperación en innovación y el capital humano del país se abran hacia importantes mercados. 

Basta recorrer unos pocos minutos los distritos de Miraflores y San Isidro en Lima, Perú, y el centro histórico de Santiago de Chile para encontrar un gran número de turistas de diferentes nacionalidades, bien sea cargados de paquetes, tomando fotos o simplemente sentados en un restaurante.

Desde que estos países fueron admitidos en el selecto grupo del Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC) en 1994 y en 1998, respectivamente, el ingreso de visitantes ha aumentado de manera considerable. Y quizá el hecho no se relacione exclusivamente con que ahora sean miembros de esta organización, pero podría decirse que, de cierta forma, se ha despertado cierto interés en otros integrantes de APEC por ellos.

Precisamente, el año pasado Perú fue sede de más de 129 eventos principales y 1.000 secundarios de APEC. Lo más importante es que estas reuniones no se llevaron a cabo solamente en Lima, sino en cerca de 10 ciudades del país. Como si fuera poco, el gobierno tuvo que declarar festivos los días en que se celebró la cumbre de líderes del foro, dada su dimensión.

Cifras recientes revelan que el costo en el que incurrió el Gobierno del Perú fue superior a 30 millones de dólares, teniendo en cuenta la gran inversión en seguridad, logística e infraestructura del evento, pero se estima que los beneficios han doblado esta cifra y superan las expectativas.

Pero, ¿por qué países como Chile, Perú y México hacen parte de este grupo, mientras Colombia sigue a la espera de ser aceptado?

En realidad, a México lo favoreció su cercanía con Estados Unidos. El caso de Chile y Perú aún es objeto de estudio, pero se sabe que en la década de los noventa tuvieron como reto profundizar sus relaciones con Asía Pacífico. No se puede desconocer que históricamente y gracias a su ubicación geográfica, estos dos países han tenido un vínculo más cercano con dicha región asiática que Colombia, ya que sus principales puertos se encuentran en el Pacífico. En el caso de Perú, adicionalmente ha sido un gran receptor de emigrantes asiáticos desde finales del siglo XIX.

Así mismo, han reforzado la conexión aprovechando su salida natural, diversificando exportaciones y mercados, estimulando el comercio entre industrias, promoviendo alianzas birregionales y elevando la cooperación en innovación y capital humano.

Consulados, embajadas y otras instituciones

Las razones para estrechar lazos son muchas, sin embargo, fuentes oficiales de ambas naciones argumentan que la principal motivación ha sido reconocer la importancia de fortalecer la presencia institucional de Chile y Perú en Asia.

Cifras recientes de los gobiernos son reveladoras: hoy Chile cuenta con 12 embajadas, 12 consulados generales, 12 consulados honorarios, 12 oficinas comerciales y 4 agregadurías agrícolas en Asia. Lo anterior incluye los países asiáticos miembros de APEC, sin contar la India. Perú, por su parte, cuenta con 9 embajadas, 12 consulados generales, 15 consulados honorarios y 8 oficinas comerciales en los países asiáticos miembros de APEC.

Si vamos un poco más lejos, México cuenta con 12 embajadas, 11 consulados generales, 9 consulados honorarios y 14 oficinas comerciales, lo que refleja una alta representatividad de esos países en la región.

Por su parte, Brasil y Argentina, a pesar de no tener una salida natural hacia el Pacífico, cuentan con una presencia importante en los países miembros de APEC: el primero tiene 12 embajadas, 17 consulados generales y 12 oficinas comerciales, mientras que Argentina mantiene 11 embajadas, 10 consulados generales y 11 oficinas comerciales. Actualmente, Colombia únicamente tiene 6 embajadas –incluyendo la de Rusia–, 9 consulados generales, 7 consulados honorarios y una oficina comercial que opera en la embajada de China.

De acuerdo con lo anterior, se podría decir que la presencia institucional de los otros países de América Latina en Asia dobla a Colombia, principalmente en embajadas que son las que tienen mayor representatividad. Esto quiere decir que, si se llevara a cabo un evento importante en Yakarta, Manila o Bangkok, estarían presentes los embajadores de Chile, Perú, México, Argentina y Brasil. Mientras tanto, algunos de los funcionarios colombianos en otros países vecinos estarían evaluando si deberían asistir.

En términos diplomáticos, un consulado no puede suplir las funciones de una embajada, pues no tienen el mismo nivel de representatividad.

La timidez de Colombia

En un evento recientemente organizado por la Academia Diplomática de Colombia sobre la inserción del país en Asia, el Canciller Jaime Bermúdez reconoció ante un público importante que “… la política exterior de Colombia ha sido tímida, y de cierta forma acomplejada, porque siempre ha gastado tiempo y dinero explicando las dificultades domésticas, lo cual ha tenido sus repercusiones”.

También dijo que la situación estaba mejorando: “Colombia debe pensar en una política exterior más audaz y, precisamente, el proceso de su inserción en Asia hace parte de este nuevo giro”.

El Canciller reconoció la escasa presencia del país en la región y argumentó que a la fecha el presupuesto del Estado es insuficiente para abrir nuevas embajadas. Por eso, invitó a los funcionarios de Gobierno y empresarios a ser más creativos y a viajar frecuentemente a Asia.

Hay que reconocer que el presupuesto de la Nación es limitado, pero el costo que el país está pagando, y que aumentará en el futuro, es demasiado alto.

Por eso, es necesario que, en el corto plazo, el Gobierno contemple la posibilidad de abrir por lo menos tres embajadas adicionales en Asia. Primero en Singapur, debido a su importancia en la región como centro financiero y de servicios, y además porque en este país cuenta con presencia permanente de funcionarios de alto nivel, pues allí operan las secretarías de APEC y del Consejo de Cooperación del Pacífico (PECC), al cual pertenece Colombia.

Una segunda embajada funcionaría bien en Indonesia, miembro importante de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean) y también de APEC. Adicionalmente, el Gobierno de Indonesia estableció hace algunos años una de sus embajadas en Colombia, apoyando al país en el proceso de acercamiento con Asia.

La tercera embajada podría ser en Tailandia, conveniente para reforzar la presencia en el Sureste asiático. Este país es un importante miembro de Asean y APEC.

En conclusión, es tiempo de enmendar algunas circunstancias del pasado. El Gobierno colombiano debe sentar bases sólidas y fuertes para afianzar las relaciones con Asia Pacífico. La presencia institucional no es el único camino, pero al menos garantiza la representación de funcionarios en la región y da continuidad a proyectos y procesos que tienen gran importancia para Oriente y que, a veces, se dejan a medias.