23 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La Máquina del tiempo

30 de noviembre de 2009
30 de noviembre de 2009

En el primer viaje regresaríamos a los dantescos incendios de 1925 y 1926 que dieron origen al  categórico mensaje presidencial: “Manizales, en cenizas, seguirá siendo la capital de Caldas”. Presenciaríamos la iniciación de las obras de construcción de la Catedral Basílica de Manizales y para marcar contraste miraríamos, horrorizados, la infame demolición del Teatro Olimpia, en el que degustaríamos las magistrales conferencias de don Aquilino Villegas  sobre cultura ciudadana y urbanismo.

Asistiríamos a la regocijante  llegada de ‘La Pichinga’, la pequeña locomotora que en 1928 convirtió en hecho tangible el Ferrocarril de Caldas.

Conoceríamos, en directo, las proporciones del terremoto del 30 de julio de 1962 que se llevó al poeta Guillermo González Ospina y derrumbó la Torre San Francisco de la Catedral sobre el esquinero café Adamson.

Buscaríamos la forma de asistir a la reconstrucción del nacimiento del bello bambuco ‘Caminos de Caldas’, del poeta Luis Carlos González, y al lanzamiento de tres pilares de la literatura caldense: La canción del caminante, de Silvio Villegas; Asistencia y camas, de Rafael Arango, y Risaralda, de Bernardo Arias.

Cubriríamos con entusiasmo de principiantes el paro de choferes que originó la monumental pieza jurídico-política de la indagatoria al caudillo  conservador Gilberto Alzate Avendaño.

Nos encantaría revivir el momento histórico de 1956 en el que Oscar Hoyos Botero anunció el nacimiento de la Feria de Manizales y el entusiasmo con el que la apoyó el alcalde Mario Vélez Escobar.

Sería estremecedor poder apreciar el último acto político, al aire libre, del líder liberal  Jorge Eliécer Gaitán, en el cementerio de San Esteban, de Manizales, unos días de su muerte, en el centro de Bogotá.

Quisiéramos ver  en cámara lenta la celebración del primer título del Once Caldas, logrado en 1950 de la mano del sabio Alfredo Cuezzo, que partió hace 25 años al más allá, y deleitarnos, en repetición, en el radioteatro de Transmisora (bajos del Cumanday), con el humor de Mario Moreno, Cantinflas, y los tangos de Mercedes Simone.

Pagaríamos por ser espectadores del médico  Alfonso Ortiz Tirado cantando ‘Las perlas de tu boca’ en la Catedral; de doña Berta Singerman declamando en el Olimpia y de los Niños Cantores de Viena, antes de que pasaran a la condición de polli-gallos.  

Pensamos que habría sido de película cubrir en 1956  la estampida de las encopetadas damas de la sociedad manizaleñas al disolverse un mitin contra la dictadura rojista, en la Plaza de Bolívar, mediante el bárbaro empleo de culebras ordenado por el sanguinario coronel-gobernador Daniel Cuervo Araoz.

Buscaríamos, asimismo, la manera de ser testigos retroactivos de la inauguración del cable aéreo de Mariquita con 376 torres; la llegada del primer automóvil a Manizales, en 1912; el primer aterrizaje de un pequeño avión en La Enea, en 1920, tripulado por Humberto Hoyos, ‘El Ñato’; la salida al aire de la primera emisora que tuvo Manizales, en histórica transmisión montada por los hermanos Enrique y Roberto Ramírez Gaviria, quienes emitieron su señal desde el tercer piso de la Gobernación de Caldas el 14 de octubre de 1929. De hechos trágicos como el lanzamiento al vacío del primer suicida del Puente de Olivares y del sonado Crimen de la calle 14 que se llevó para siempre a Carlina Albornoz.  Musicalmente halando, del No rotundo que le dio el inspirado músico y poeta mexicano Agustín Lara a la petición de Hoyos Botero para que se le pusiera ritmo de bambuco a la letra del futuro pasodoble inmortal Feria de Manizales, del vate González Ospina. 

En fin, habría sido  muy gratificante cubrir episodios memorables como la elección y coronación de Luz Marina Zuluaga, en 1958, en Long Beach, Estados Unidos; asistir como aficionados a la corrida inaugural de la Monumental plaza de toros del barrio La Castellana; el debut de don Pedro Uribe Mejía, como líder cafetero, y el estreno de Fernando Londoño y Londoño como gran tribuno y finalmente, establecer en  cuántos días y en cuántas etapas hizo su viaje a pie, entre Medellín y Manizales, en 1887, con una cruz al hombro, el constructor de la capilla de La Enea, presbítero Nazario Restrepo, para pedir por la paz de Colombia. Quedan temas como arroz para más viajes a través de la utópica máquina que por ahora es producto de la imaginación cinematográfica.

La apostilla: La curiosidad periodística nos lleva a pensar qué se puso a hacer don Antonio Ceballos,   el primer alcalde que tuvo Manizales, en 1850, un día después de tomar posesión, si en aquellos pretéritos tiempos la vida avanzaba con tanta parsimonia que después de levantarse, bañarse, afeitarse y vestirse, al hombre se le acababa el programa, una vez ataba los cordones de sus zapatos o de sus alpargatas.