28 de septiembre de 2020
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La encrucijada colombo-venezolana

15 de noviembre de 2009
15 de noviembre de 2009

uribe chavez

¿Qué hay de nuevo en esta crisis?

Desde hace ya varios años la tensión entre Colombia y Venezuela había venido en aumento por cuenta de acusaciones recíprocas entre los dos gobiernos sobre supuestos  vínculos con actores al margen de la ley, o por denuncias de alianzas estratégicas o militares que cada uno teje con potencias continentales o extra continentales propias del tiempo de la Guerra  Fría. Pero en esta ocasión la escalada del conflicto obedece además a las matanzas y otros hechos atribuibles a actores ilegales para quienes la frontera no es un límite ni un obstáculo sino una fuente de ventajas operativas.  

En efecto, para los varios actores ilegales la frontera colombo-venezolana es en lugar privilegiado donde adelantar acciones ilícitas que suelen incluir las prácticas violentas, porque allí se reúnen circunstancias como la gran extensión, la geografía, la desigual densidad poblacional, la falta de presencia estatal o la falta de coordinación entre las autoridades de ambos países, las múltiples dinámicas de intercambio y la porosidad de la línea divisoria.

La presencia de la guerrilla, de los paramilitares, de los narcotraficantes y de bandas delincuenciales en la zona de frontera no es cosa nueva. Sucesos lamentables como los de las últimas semanas (asesinatos, masacres y secuestros) tampoco lo son. Lo que los hace altamente perturbadores en la relación binacional actual es el nivel de deterioro en que se haya la misma como resultado de los sucesivos desencuentros entre Uribe y Chávez.

Chispas en un polvorín

La relación entre los dos presidentes se caracteriza por ser conflictiva y por estar basada en una mutua desconfianza. Una relación donde se ve al otro como un enemigo y en un proceso de enturbamiento cuyo epicentro geográfico es la zona de frontera. Una zona que está viviendo una crisis económica y social donde se mezclan múltiples ingredientes que convierten en un polvorín la relación política Uribe- Chávez.

Así lo demuestran las declaraciones recientes del gobierno de Venezuela. Afirmar que lo ocurrido en la frontera hace parte de una estrategia colombo-estadounidense que utiliza como punta de lanza a los paramilitares para desestabilizar al gobierno revolucionario es una denuncia tan grave como las sucesivas declaraciones del gobierno de Colombia donde se acusa a las autoridades de Venezuela de ser cómplices de la guerrilla, de abrigar un proyecto expansionista y de ser laxas con los narcotraficantes.

Denuncias como las anteriores sólo construyen escenarios prebélicos y caminos hacia una escaramuza armada que es necesario desactivar.

Se necesita un tercero

Durante los últimos años varias veces se ha señalado la importancia de construir sobre los múltiples temas que unen a los dos países y que serían de beneficio para las poblaciones de lado y lado de la frontera, no menos que  la de tramitar las diferencias por canales diplomáticos y métodos de comunicación distintos de los micrófonos y las declaraciones en caliente que tanto daño le han hecho a la relación y también a la amistad colombo-venezolana.

En estos momentos, ante la magnitud de la desconfianza y el alto riesgo que corren las relaciones colombo-venezolanas, propuestas como las de Brasil sobre la necesidad de poner en marcha entre ambos países un sistema de vigilancia conjunta sobre la frontera común y que pueda contar con la colaboración de un tercer país es muy pertinente y debe ser considerada seriamente por ambos presidentes.

Porque no se puede desconocer que los niveles de inseguridad alcanzados en la zona de frontera ponen en evidencia la falta de cooperación y organización entre Colombia y Venezuela para luchar contra amenazas comunes y transnacionales de vieja data.

Si en el pasado no se puso en marcha un esquema de seguridad colaborativo, hoy éste es urgente, así sea en medio de la rivalidad ideológica entre dos mandatarios ambiciosos y que quieren gobernar por un buen par de años más.  Ellos se proponen hacernos creer que las diferencias políticas hacen imposible la cooperación entre ambos Estados para enfrentar de manera conjunta las múltiples amenazas que se ciernen sobre la zona de frontera y que afectan de la misma manera a los colombianos y a los venezolanos.

No va a ser posible superar la difícil situación fronteriza si no existe la voluntad política de ambos gobernantes para llevar a cabo acciones concretas -transparentes y generadoras de confianza- encaminadas al entendimiento en temas que afectan a ambos países y a sus ciudadanos. Esa es su responsabilidad, no sólo en términos de política interna sino en materia de vecindad y de política internacional.

Leer artículo Colombia y Venezuela: Entre encuentros y desencuentros

* Directora del Observatorio de Venezuela del Centro de Estudios Políticos e Internacionales (CEPI) de las Facultades de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales, en la Universidad del Rosario. Coordinadora y Profesora Principal del programa de Relaciones Internacionales de la misma universidad.

** La imagen del artículo fue tomada de la página www.peatom.info