17 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Entre Caregón y Fierabrás

9 de noviembre de 2009
9 de noviembre de 2009

González está en deuda con el periodismo, apostolado que abrazó hace más de cuarenta años, porque le permitió demostrar, entre otras cosas, que su tartajeo se queda fuera de los estudios de la radio y la televisión, si está en plena actividad, y que las cámaras y los micrófonos nunca han adivinado que tenga problemas de pronunciación cuando se halla fuera del aire.


Carlosé atribuye su irrupción en el periodismo manizaleño al apoyo de sus tres mentores: Albeiro Cadavid, ¡alma bendita!; Javier Giraldo y el autor de este escrito. Curiosamente, porta entre sus documentos personales el primer carné de periodista que le expedimos como reportero volante del Noticiero “Ya”, de Transmisora Caldas, en 1967, en tiempos de don Ignacio Escobar.

Un bueno para todo, se ha movido con propiedad en los tres medios de comunicación, sin necesidad de abandonar el ámbito doméstico: la prensa, a través de LA PATRIA, en la que se inició como comentarista deportivo y terminó como jefe de redacción; la radio, en los eslabones locales de Todelar y Caracol, y la televisión, en Telecafé y el Canal Une, donde batió amplio récord de sintonía, relegando en su franja a posiciones secundarias a los encopetados canales privados bogotanos tan centralistas que creen que Colombia termina en Melgar.

Su hiperactividad quedó plasmada cuando supo combinar sus quehaceres periodísticos con sus compromisos con su familia, la docencia, la Biblioteca Municipal, la Dirección de Extensión Cultural de Manizales, Fomento y Turismo, en las Ferias, en las que instituyó el Festival Nacional de la Trova; el Instituto Caldense de Cultura, la Imprenta Departamental, el Teatro Fundadores y la benemérita Sociedad de Mejoras Públicas.

El rotario Jaime Escobar Herrera, su biógrafo de cabecera, hizo apretada síntesis de los inicios de este arquetipo de superación personal: Carlos Ernesto nació en Manizales el 17 de agosto de 1935. Hijo de José Aníbal González y Débora Alzate, unión de la que hubo 15 vástagos y tres adoptados. Hizo la primaria en la manizaleña Escuela Guingue y la secundaria, lejos de sus pagos, en el Seminario Mayor de San Antonio de Padua, con los Padres Capuchinos, en Pasto. Arribó al noviciado de la misma comunidad en Túquerres (también en Nariño), de donde se retiró al convencerse de que no estaba el sacerdocio entre sus planes futuros. (O sea que no quiso seguir estudiando para Papa, ni Cardenal). Al regreso, en 1955, se vinculó al magisterio como maestro en la vereda Llanitos, de Villamaría, donde conoció a Alba Cardona, con quien contrajo matrimonio hace 52 años. Tuvieron cinco hijos y diez nietos. Luego recaló en la escuela Jorge Robledo. (En aquella ruralía villamariana se le recuerda porque tenía organizados diez equipos de fútbol. Era algo así como una pigmea “Dimayor” de alpargatas, en vez de guayos, pero en la que se jugaba con balones de verdad).

Escobar coincide con la muy estimada periodista Mariela Márquez Quintero, quien tuvo a su cargo el discurso de entrega del galardón a González Alzate, cuando lo define como un hombre sencillo, honesto, noble, transparente, constante, buen amigo, trabajador infatigable, de dinámico accionar periodístico, astuto y prudente entrevistador, reconocido vocero de la comunidad, amante de su hogar y de los suyos y de su Manizales del alma.

Como se agota el espacio, ni modo de incluir la extensa lista de distinciones recibidas a lo largo de su meritoria gestión.

A un par de preguntas de Contraplano, Carlosé respondió: “No tengo muy claro cuál ha sido la noticia más grande que he transmitido, pues es difícil retenerla en 42 años. La mejor noticia, para mí, el haber logrado el premio que por primera vez entrega Manizales, Vida y obra de un periodista. Y acerca de cuál me agradaría dar, antes de mi entrega de los ceniceros, (o sea de la cremación): Que he quedado en paz con Dios, con mi familia, y con la sociedad a la cual le serví con desinterés por algo más de cuatro décadas”.

La apostilla: Una de las virtudes que adornan a Carlos Ernesto González consiste en que supo ser jefe sin que se le notara, por su modestia y sencillez invencibles. ¡En hora buena, querido amigo!