25 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Del reinado Nacional

22 de noviembre de 2009

¡Vaya caballero!, tremenda petición- muy seguramente le hubiera dicho mi abuelo Salomón.

Pero seguramente, si Ricardito (como le llaman cariñosamente) fuese un destacado promotor de fashion show, la cosa no pasarían a mayores. Pero al tratarse de un niño de apenas 4 años, esto no deja de causarnos admiración.

Admiración y desconsuelo, porque en nuestra infancia las impertinencias se castigaban con “cocotazos”, o en su defecto “coscorrón” (en el léxico cachacal). Claro está, sin mediar ningún tipo de consideración. Pero, como ahora los psicólogos restringen este tipo de castigos y más bien elogian la precocidad y el ingenio de los infantes, me tomé el trabajo de consultar con varios especialistas que trabajan en grupos acreditados de investigación.

La primera sorpresa es, que a raíz de los grandes conflictos de la sociedad moderna, gran parte de los psicólogos han sacado los divanes de sus consultorios a la calle, para ocuparse de la psicología social: aquella que concierne al ser humano como referente de una sociedad cada día más irascible, violenta y soslayada por la corrupción.

Por ejemplo- me dice el doctor Alonso Macías Ospino: – “América Latina es el continente donde la desigualdad, la pobreza y la discriminación social aumenta vertiginosamente, mientras sus políticas sociales flaquean cada día más. Además, proliferan los suicidios y la depresión, y hasta la desesperanza aprendida empieza a ser un factor fundamental del deterioro social”.

A esto habría que agregarle que mientras los científicos sociales están preocupados por el hambre, la miseria y la pauperización, los explosivos y atornillados gobernantes de nuestro desvalido continente, a pesar de la crisis económica mundial, cercenan gran parte de sus presupuestos para comprar armas y munición. Y hasta anuncian conflictos genocidas entre países donde a pesar de los nuevos y flamantes tanques y aviones de guerra, (que al parecer nuestro vecino no haya la hora de estrenar), los niños todavía piden limosnas en los semáforos y hasta mueren de hambre y desnutrición.

Pues entonces, como verán: voy en busca de los profesionales de la mente, para encontrarle significado a las ocurrencias de Ricardito, y regreso con mayor confusión.

Y aun, cuando insisto en censurar las nefastas incidencias que ejercen las “narco-novelas” de la televisora nacional, al parecer es mejor que Ricardito sea “frentero” y no “faltón”, ah, claro, perdón. (Faltón: es un nuevo adjetivo del léxico de la dirigencia gremial que hace alusión a la pusilánime actitud del funcionario público, cuando no satisface a plenitud los oscuros intereses particulares de los dueños del balón).

Lo que quiere decir, en otras palabras, que en esta nueva sociedad de traficantes del poder: hay que pedir con insistencia y devoción. Para que no nos ocurra lo que vivió en un bus de pueblo el compadre Nicanor, quien no soportaba al niño que viajaba a su lado, pues no dejaba de llorar. Ofuscado y molesto le reclamó a su madre, quien resolvió entonces sacarse el pezón de su seno, para darle alimento natural, diciéndole además: “Si no te lo tomas se lo doy al señor”.

Después de un largo rato, don Nica desesperado y ansioso por lo insistente del “berrinche”, enfáticamente le hizo saber: “Oye, pelao llorón, decídete rápido si lo vas a tomar, pues yo tenia que bajarme en Luruaco y ya vamos llegando a Corozal”. El Heraldo.