16 de enero de 2021
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Caldenses lejos de sus pagos

23 de noviembre de 2009
23 de noviembre de 2009

alfonso villegasEl manizaleño Alfonso Villegas Restrepo (foto) fundó El Tiempo en Bogotá el 30 de enero de 1911 y se lo vendió por una bicoca, dos años después, a su cuñado, el futuro presidente Eduardo Santos, esposo de Lorencita Villegas. Ignoraba que cedía, al fiado, al marido de su hermana la que sería, a la postre, la más rentable empresa del diarismo nacional. Creó después La República para enmendar la plana, pero el negocio no le salió tan bueno y dedicó sus energías a otros frentes de la actividad empresarial.

Su coterráneo Gilberto Alzate Avendaño, caudillo conservador de enorme carisma y muchos quilates, fundó y dirigió en la capital del país el Diario de Colombia, en el que publicaba sesudos editoriales –casi todos de gran factura política– sobre la problemática del país en todos los órdenes de la vida nacional. Con su muerte, en 1960, a su paso por el quirófano, desapareció el periódico de sus entretelas que rezumaba alzatismo por todas sus páginas.

hernando giraldoSalidos del norte caldense, liaron bártulos hacia distintas latitudes cuatro  hijos de la comarca: Hernando Giraldo (foto), de Neira, recaló con su ‘Columna Libre’ en El Espectador. Su coetáneo Alvaro Montoya, “Alfin”, aterrizó en El Siglo, como caricaturista y columnista. El salamineño Edgar Gómez Ospina, ‘Pertinaz’, puso su briosa pluma al servicio de El Tiempo en sus páginas de opinión. El consumado cronista José Gers, de Aranzazu, se convirtió en columnista muy apetecido por la prensa caleña.

Emigró muy joven de su natal Viterbo hacia Cali, primero, y a Bogotá, después, Fabio Marín Ramírez, primo de Eucario Bermúdez, que en tiempo récord alcanzó la jefatura de redacción de Todelar, en la edad dorada del circuito de los Tobón. Su fuerte estaba en la menuda y la gruesa de la economía, pese a que en sus inicios se equivocaba pasando la plata de un bolsillo a otro.

Escuelero en su natal Aranzazu y bachiller en Manizales, Daladier Osorio se hizo periodista a puro pulso, al lado del Maestro Antonio Pardo, en Caracol Bogotá, y en el cénit de su carrera dirigió los noticieros TV-Hoy, de propiedad de los presidentes Pastrana, el padre Misael y el hijo Andrés.

Su camarada Ricardo Peláez Duque, de Salamina, hizo la primaria reporteril en Medellín, al lado de los periodistas de la vieja guardia, y se consolidó también como redactor político en Emisoras Nuevo Mundo y en El Tiempo. Convertido en abogado de mucha clientela, ahora litiga con éxito en los estrados judiciales capitalinos. en los que está terminantemente prohibido llamarlo “Caneca”.

eduardo garcia En Bogotá, la ciudad de todos, escalaron posiciones de importancia en el oficio los manizaleños Jaime Viana, en El Espectador, Harvey Ocampo, en El Tiempo, y Jorge Castellanos, en La República (la de los Ospina) y varios ministerios. Siguen vigentes el notable escritor y periodista manizaleño Eduardo García Aguilar (foto), al servicio de la AFP, en Paris; se destaca como editor judicial de RCN televisión el colega Juan Carlos Giraldo, autor del único libro biográfico de Alberto Giraldo. En el mismo canal colabora en la parte deportiva el filadelfeño Ricardo Henao, y el aranzazuno Manuelito Salazar, hijo del ex alcalde Bernardo Salazar, forma parte del equipo de Guillermo Diaz, en Súper radio. Disfrutan de su jubilación el poeta manizaleño Oscar Rubio, ex director de Radiosucesos en  Boyacá, y el chinchinense Leonel Toro, ex hombre clave en la secretaría de prensa de Palacio. Se supone que sigue moliendo uribismo, desde la Agencia de Acción Social, el pensilvaneño Samuel Salazar y que su paisano Alonso Salazar trata de superar los problemas que le genera la violencia a su gestión como alcalde de Medellín.

Entre tanto, el riosuceño Ricardo Aricapa –autor de un sabroso libro sobre el parlache– continúa dedicado a la cátedra en las escuelas de comunicación social que funcionan en la capital paisa. Dejamos constancia del valioso aporte que hicieron a la reportería gráfica colombiana los manizaleños hermanos Tissnes (Félix y Ricardo). El segundo se suicidó disparándose un flash en la mitad de su vida, según la precisa descripción de Oscar Domínguez.
 
La apostilla: Se nos quedaba en el tintero el periodista manizaleño Carlos Alberto Atehortúa, quien lleva tantos años afincado en el departamento del Cesar que se siente más vallenato que el Río Badillo; sólo consume para sus castos oídos música de acordeón; se alimenta con ñame, suero y butifarra  y no va de paseo a su tierra natal porque se muere de frío y tedio al pie del Volcán-Nevado del Ruíz.