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Una sociedad reelegida: el caso de la Selección Colombia

25 de octubre de 2009
25 de octubre de 2009

seleccion colombia

 Breve crónica de una muerte anunciada

El fútbol es la patria

Albert Camus

Sábado 10 de octubre de 2009, 6:57 p.m. Todos observan el cadáver. Muchos murmuran que era predecible, otros lo lloran, algunos empiezan a lanzar conjeturas sobre las posibles causas, unos reparten culpas o disculpas, y las autoridades arriban al lugar de los hechos, prometen una comisión para llevar a cabo la “rigurosa investigación” y ofrecen una jugosa recompensa a quien denuncie o dé información sobre los responsables de aquel infortunado deceso.

Al final la muchedumbre se retira sin hacer muchas preguntas. Todos saben que el mismo muerto volverá a aparecer dentro de unos días, meses o años, y que el espectáculo volverá a justificar las vidas de los que disfrutan el ritual del lamento, la murmuración y el regreso a su casa. Sí, la selección Colombia aparecerá en unos meses con las mismas enfermedades y para ese momento habrá un culpable y un salvador para diagnosticar de manera algo improvisada al enfermo que por causas que la naturaleza no puede explicar, resucita con los mismos síntomas, pero en otros cuerpos.

Tres interpretaciones

Me sorprende que no nos aburra el mismo relato dentro de cuatro años y que llevamos escuchando desde hace diez. A esto hay que agregarle tres posiciones respetables, pero igual de dañinas y de discutibles:

1. Los “paranoicos” dirán que la Selección hace parte del pan y circo y que es un instrumento de manipulación y alienación del pueblo.

2. En la otra orilla, los eufóricos del Sagrado Corazón dirán que los guerreros de la selección no esgrimieron sus armas con valentía y no murieron como héroes en el campo.

3. Y los que viven de este negocio sacan fotocopia de las palabras comunes en los espacios políticos: (a) Hay que reestructurar, (b) las reformas deben ser de fondo, (c) vamos a analizar la situación, (d) Nadie va a renunciar, (e) Propondremos una ley.

El fútbol, patrimonio público

Son estas tres posiciones las que llevamos reeligiendo, sin mayores cuestionamientos y cada una con su culpable y salvador, práctica habitual en una sociedad que tiene tan poca conciencia acerca de lo público. Y por supuesto el fútbol es un espacio vital de lo público (sabemos  la alineación de nuestro equipo mejor que los nombres de las señoras y señores ministros), hace parte de la  identidad nacional  (los argentinos plasman sus anhelos en el orgullo de vestir la camisa del seleccionado albiceleste), determina los estados de ánimo de un pueblo (los hondureños han olvidado sus problemas políticos y celebrado su clasificación al mundial) y hace que suba o baje la imagen  del gobierno (¿cómo negar el golpe de Lula con la designación de Brasil como sede del mundial 2014 y de los Juegos Olímpicos en el 2016?).

Pero veamos cómo las tres posiciones sobre el fracaso de la Selección son discutibles es su planteamiento y reduccionistas en sus propuestas – y en lo que sigue por supuesto incurro en simplificaciones que nos ayudan a aclarar el problema.

1. El fútbol, opio del pueblo

Cuando se dice que el fútbol es un entretenimiento pernicioso para el progreso de una sociedad (y entiéndase progreso como la capacidad de discutir sin matarnos) se está desconociendo el hecho simple de que el fútbol es un fenómeno de masas en países como Francia,  como Suiza o como Costa Rica,  donde la gente no se mata por política.

Pensar en futbol como el opio del pueblo es una visión puritana y muy conservadora, pues en todas las sociedades modernas existen distintas formas de distracción masiva. Trabajar o estudiar es saludable, pero los seres humanos necesitamos descansar, simplificar e incluso a veces escapar de “la realidad”. Si el fútbol fuera sinónimo de subdesarrollo, las ligas más poderosas serían las del África o las del Medio Oriente.

Por el contrario, franceses, italianos, alemanes y españoles han comprendido que el fútbol es un buen negocio de entretenimiento y que puede funcionar de forma organizada. Bien se conocen los problemas que tuvieron (y tienen) los ingleses y otros países europeos con los “hooligans”, pero también se conoce el trabajo de prevención y atención cuidadosa que llevan a cabo los gobiernos, los hinchas y los clubes de estos países para evitar la violencia y mantener la altura cívica del espectáculo. El hecho que los ingleses, alemanes o franceses disfruten de la pelota, se atormenten con los malos resultados de su seleccionado o quieran beber una cerveza mientras disfrutan el juego, no significa que olviden el privilegio de pertenecer a una tierra donde han nacido brillantes filósofos, economistas y científicos.

No todos gustan del fútbol. Por esa razón en los países serios la gente puede practicar otros muchos deportes diferentes  -sin que esto implique que yo quiera igualar la emoción que produce hacer un gol en el último minuto.

Por eso la idea de tratar al fútbol como una criatura del mal mediático y enarbolar la “solución” tan bien intencionada como ingenua de reemplazarlo con más años de escuela es una medicina que agravará los síntomas –nada más preocupante que un país que se siente feliz sin tener una cultura del entretenimiento.

2. Nos faltó verraquera

Los “paranoicos” se niegan a entrar en el juego y le ceden la cancha a los eufóricos. Estos aparecen cada cuatro años y cada cuatro años apedrean a un culpable e invocan a un salvador. Son pasiones enconadas y argumentos profundos -que duran, cuando más, unas semanas. Y es porque somos un país intensamente democrático -es decir un país que reduce el debate y el análisis al vaivén de las histerias colectivas-. Un poco de historia futbolística no cae nada mal:

1. En 1994 construimos una selección con algún aliento ganador, pero el peso de una sociedad acostumbrada a perder reventó la mentalidad de los jugadores. El culpable fue Andrés Escobar y con su desaparición todos se marcharon para la casa.

2. En 1998 había residuos de esa selección que ganó algo y se clasificó. Pero el fracaso fue mundial y el culpable fue el Bolillo.

3. En 2002 cambiamos el técnico, Pastrana se inventó una Copa América y quedamos eliminados. El culpable fue Pastrana por habernos ilusionado.

4. En 2006 cambiamos el técnico porque Maturana era un paisa rosquero y llevamos a otro que por inexperiencia no sabía administrar los insultos. El culpable, obviamente el inexperto.

5. En 2010 se repite la historia. Los culpables: un técnico autoritario y otro condescendiente con sus amigos los empresarios. Toca hacerle fuerza a Brasil, al arbitro Oscar Julián Ruiz y al Técnico Reinaldo Rueda (que clasificó a Honduras) pues son Colombia en el mundial.

6. Predicciones para el 2014: El culpable es el que no pensó en hacer algo en el 2010. Ya será pensar en el 2018.

Lo más preocupante es que los eufóricos tienen el poder de movilizar el culpable y el salvador, lo cual generará la designación de algún señor que dirija la selección, dependiendo de la calentura del momento. Los resultados serán predecibles -años luz del Mercosur y dependientes de los caprichos de los Andinos, pues tenemos desventajas futbolísticas-sociales que no queremos analizar: perdemos con Brasil y Argentina porque no percibimos sus ambiciones de poder, con Paraguay, Chile y Uruguay porque tienen más intenciones de organizarse, con Venezuela, Bolivia y Ecuador porque nos sienten como sus rivales y con Perú, bueno, tenemos alguna chance de negociar un empate.

3. La próxima vez sí

 

El fútbol es una actividad rentable (a nivel económico, político y cultural) y por eso no pueden existir ni existen los remordimientos. El problema radica en que las personas que viven del negocio piensan más en la riqueza rápida individual que en la rentabilidad de largo plazo de “la industria” como tal: prefieren ganarse dos pesos con la eliminación en vez de invertir en grande para la clasificación. No pasa solamente con el fútbol, y esto es lo preocupante. Como se ha dicho tanto en Razón Pública, en Colombia predomina la mentalidad feudalista y acumuladora sobre las actitudes capitalistas y productoras[1].

Y en todo caso: ¿Cómo pedirles a los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol que ofrezcan explicaciones o asuman responsabilidades? ¿Cómo hacerlo en un país donde ningún funcionario renuncia a pesar de la contundencia de los hechos, donde los poderosos cambian las reglas a su amaño o donde el amiguismo crea terratenientes seguros mientras niega la igualdad de las oportunidades que son la propia base de lo público? ¿Cómo pedirle cuentas a la Federación cuando el ejemplo de arriba es no rendir las cuentas?

Mejor será dejar tranquilos a los directivos del fútbol y permitir que sigan reproduciendo el país a su pequeña escala. Por eso aguardaremos con resignación un comunicado donde llegarán a las siguientes conclusiones:

  1. No renunciamos
  2. Hay que seguir trabajando
  3. Es una vergüenza lo que nos está pasando
  4. Pedimos disculpas al pueblo colombiano
  5. Dios nos bendiga
  6. Un nuevo porvenir nos espera
  7. Y tendremos un amistoso en el mes de diciembre con la Selección de la Comunidad Valenciana, para celebrar sus ferias y fiestas.

Conclusiones….hacia la esperanza de una propuesta

Algunas experiencias han mostrado que las sociedades aprenden cuando se equivocan en sus re-elecciones y cuando entienden que andar en busca de salvadores es una actitud simplista que causa daños en el largo, en el mediano e incluso a veces en el corto plazo.

Ojalá el fútbol no se quedara esperando el ejemplo de las prácticas políticas y se transformara -no en el redentor – sino en una experiencia seria, reflexiva y ejemplificante para toda Colombia: el  deporte que logra reconfigurase incluyendo a distintos actores sociales y sin caer en los usos retóricos de la palabra Proceso.

Para no acomodarme en una conclusión diplomática, propondré algunas pistas para cambiar la cultura del fútbol y evitar –como va a suceder -más eliminaciones. Estas propuestas pecan de inocentes, pero guardan alguna esperanza de ser estudiadas y quizás dialogadas, pues a pesar de nuestros baches culturales, existen personas que quieren y pueden apoyar cambios con un alto sentido de compromiso de lo público:

1. Etapa: Reflexión sociocultural: Medios de comunicación, periodistas, jugadores y sectores sociales interesados abran espacios de discusión (no foros ni urnas virtuales) en donde se debatan preguntas como

  • ¿Por qué no tenemos la capacidad de trabajar en equipo?
  • ¿Cómo el fútbol puede desatar el nudo de la violencia?
  • ¿Qué se entiende por PROCESO y cuáles son las metas que se pueden plantear en el corto, en el mediano y en el largo plazo?
  • ¿Qué debemos hacer para no caer presos del nerviosismo ante el primer fracaso, o del triunfalismo ante el primer logro?
  • ¿Cuál es la responsabilidad de los medios al cubrir un tema que genera las mismas pasiones y desencuentros que otros temas de coyuntura política?
  • ¿Cómo lograr que los directivos sean conscientes de la relación directamente proporcional entre el lucro económico y los triunfos futbolísticos?
  • ¿Dónde se puede encontrar un grupo dirigente que sin personalismos tenga la claridad mental para orientar el cambio en esta industria?

Esta etapa debe concretarse en proyectos de trabajo preparados para pasar a una de

2. Etapa: Estructura organizacional: Encargada de ejecutar las propuestas concretas que se decanten durante la primera etapa y que podría incluir

  • Como sede del mundial 2011, organizar un Campeonato sin espacios para la corrupción y la improvisación, no solo dejando la buena imagen mundial, sino mostrando la capacidad de convocar actividades multiculturales.
  • Un equipo administrativo con trayectoria profesional y capacidad de tomar decisiones internas y de dialogar a la altura de Argentina o de Brasil sobre la orientación del fútbol sudamericano.
  • La construcción de una sede única que concentre todas las selecciones nacionales.
  • Exigir a los medios de comunicación el cubrimiento responsable de los eventos, jugadores y técnicos destacados. Misión imposible, pero que podría facilitarse a medida que mejoren: (1) La capacidad de los jugadores, técnicos e hinchas para no dejarse provocar por la prensa, y (2) La formación de los periodistas que por lo regular no son muy capaces de entender el tejido que existe entre fútbol y sociedad.
  • La contratación de un técnico respaldado por un equipo de entrenadores que lo asesoren en la selección de los jugadores.
  • Crear en el Ministerio de Cultura una Oficina no burocrática de procesos culturales unidos a la formación deportiva (si existe la dependencia, sus gestiones no han sido muy notables).
  • Capacitación no sólo psicológica, sino económica, cultural y política para los técnicos y jugadores colombianos con su pares de otras partes del mundo que hayan tenido experiencias exitosas y adaptables en Colombia, así como de ejemplos exitosos en el plano nacional (como es el caso del Patinaje)
  • Estricto control en la relación jugadores-empresarios, con la capacidad de la denuncia ante instancias legales.
  • Hacer que los periodistas regionales tomen conciencia de los daños que implican sus eventuales actitudes separatistas o disociadoras.
  • Transformar a los equipos de fútbol en organizaciones que complementen sus fines misionales con actividades económicas relacionadas con turismo, educación, vivienda, etc.
  • Organizar campeonatos nacionales donde los niños aprendan la importancia de la disciplina, la constancia, el respeto y la tolerancia en medio del espíritu competitivo.

Esperemos que la unión que dice tener este país no sea únicamente para acompañar a su Selección durante los noventa minutos de juego. Pensar que Somos el país más feliz del mundo por ser uno de los más perdedores, creer que somos unos verracos por los esfuerzos de muchos colombianos que reconocemos solo cuando otros los reconocen, y confiar en un hombre el destino de nuestra existencia es poco aliciente en un mundo globalizado que a pesar de su individualismo, trabaja, piensa y se mueve en red.

No es necesario hacer campañas de buena imagen ni mostrar vídeos de Juan Valdez en el exterior. El fútbol es el lenguaje universal por EXCELENCIA y mientras estemos excluidos de esa cita mundialista, seguiremos siendo uno más en el atlas. O que lo digan Inglaterra, Japón, Alemania, Italia y Brasil.

* Periodista y politólogo. Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

** Autor de la Ilustración: Januario Tinjacá

Nota de pie de página


[1] Ver por ejemplo Thoumi, Francisco: Cultura magiosa: una respuesta a Alfredo Rángel, 10 de Diciembre de 2008. Disponible en:

http://www.razonpublica.org.co/?p=902