19 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Cadenas de ingnominia

1 de octubre de 2009
1 de octubre de 2009

Si los familiares de aquellas personas que fueron secuestradas por la guerrilla pueden sentir alivio al saber que aún siguen con vida sus familiares, no es menos cierto que esas imágenes constituyen la más palpable de las pruebas de que los grupos guerrilleros perdieron su norte y su razón de ser, desde hace ya mucho tiempo. El mensaje de barbarie e inhumanidad que recibimos los colombianos y el mundo entero cuando se presentan esas imágenes en donde aparecen los cautivos, son suficientes para entender de una manera muy clara que quienes están a la cabeza de los grupos guerrilleros han perdido toda sensibilidad humana.

Y si aplicamos la misma lógica de la política guerrerista en el sentido de la que única salida posible que tiene Colombia para acabar con esta pesadilla de guerra sin cuartel es la vía armada, podemos decir que estamos dando todos los argumentos para que el Estado colombiano rodee y respalde a quienes proponen también una guerra a  muerte a los movimientos armados ilegales. De esa manera, nuestra meta, nuestro objetivo y al mismo tiempo nuestra pesadilla, es la guerra, negocio de una enorme rentabilidad para quienes ordenan el gasto en renglones exentos de supervisión y negocio también para una guerrilla que recibe enormes recursos como producto del cultivo, protección y embarque de cocaína.
Dicho de otra manera, mientras exista guerrilla, habrá propuestas políticas exitosas en el campo de la guerra y mientras existan políticos que promueven la guerra como única salida, seguramente seguirá existiendo la guerrilla. Son, el complemento ideal.
Y allí, en medio del conflicto y en medio del dolor de la inmensa cantidad de colombianos, el cultivo, procesamiento y comercialización de la coca, alienta a la guerrilla, a los paramilitares, penetrando de una manera insospechada todos los ámbitos de la vida nacional y las ramas del poder público. Me pregunto qué podría pasar si en lugar de invertir tantos recursos en represión, pensáramos en invertir en prevención, una vez que el cultivo y procesamiento de la coca deje de ser ilícito: ¿qué podría pasar con la guerrilla? ¿qué podría pasar con los paramilitares? ¿qué podría pasar con las bases militares estadounidenses que se extienden por todo el territorio nacional? Me parece que todo ello podría desaparecer y entonces sí, preguntarnos las razones por las cuales cada vez más, hay consumo de alucinógenos y cómo evitar que la adicción se siga propagando. De lo contrario, es seguir buscando el muerto, río arriba.