13 de noviembre de 2019
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Vigencia de Luis Carlos Galán

4 de septiembre de 2009
4 de septiembre de 2009

Mataron la esperanza

Los partidos tradicionales (liberal y conservador) habían perdido sus fronteras ideológicas y como respuesta surgieron dos nuevos movimientos con perspectiva de ruptura: el Nuevo Liberalismo y la Unión Patriótica.

Luis Carlos Galán, el joven dirigente del Nuevo Liberalismo, irrumpió con fuerza. Fue el primero que se atrevió a denunciar el peligro del narcotráfico y advirtió sobre su penetración en diversos sectores de la sociedad colombiana y específicamente en la política.

Pero no fue escuchado. El 30 de abril de 1984 cayó asesinado en Bogotá el Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y se inició una nueva fase de la violencia, dirigida por los narcotraficantes.  Después, el 17 de diciembre de 1986, fue asesinado el director de El Espectador Guillermo Cano Isaza, quien libraba una férrea batalla contra los carteles de la droga.

Y Galán siguió denunciando las alianzas criminales y la corrupción del Estado, e invitaba a moralizar el país y a construir una auténtica democracia. En esta época había regresado al Partido Liberal y encabezaba la consulta interna que lo convertiría en su candidato y en seguro presidente de Colombia. Su discurso cautivaba a la clase media urbana.

Pero la mafia no le iba a perdonar su valentía para expulsar a Pablo Escobar del Congreso y de la política y sus denuncias por infiltrar las instituciones.  Como consecuencia se organizó el complot para asesinarlo. Al respecto el exjefe paramilitar Iván Roberto Duque señaló a Pablo Escobar y a Gonzalo Rodríguez Gacha, como los cerebros del magnicidio y a Jaime Eduardo y José Evert Rueda, Orlando Chávez Fajardo y Enrique Chávez Vargas, como los autores materiales y aclaró que éstos contaron con la complicidad de miembros del DAS, del ejército y de la policía. Consumado el crimen el Estado desató una furiosa ofensiva contra el cartel de Medellín; el país por fin se enfrentaba a la mafia, pero mientras tanto se fortalecía el cartel de Cali.

El magnicidio postró a una generación de colombianos, que vieron en su candidatura presidencial la oportunidad para cambiar el país.

La generación silenciada

El asesinato de Galán prolongó la guerra. Ganaron los que querían que todo siguiera igual. Se aprovechó el caos y el vacío de poder para la contrarreforma agraria y  fue surgiendo un nuevo sector de mafiosos, gamonales, hacendados y políticos regionales, con visión de largo alcance y “sangre fría” e implementaron la estrategia para expulsar a los campesinos y apoderarse de sus tierras. Y asesinaron a quienes eran una opción de renovación política y a los luchadores por la democracia.

Fueron silenciados Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro Leongómez, Enrique Low Murtra, Mario Calderón y Elsa Alvarado, Manuel Cepeda, Jaime Garzón,  Álvaro Gómez Hurtado, Orlando Sierra, Rubén Castaño y miles de personas más. En esta larga cadena de crímenes se inscribe el genocidio contra cuatro mil militantes de la UP.

Crimen sin castigo

La alianza entre el poder mafioso y algunos sectores políticos se prolonga hasta hoy. Infiltró la campaña de Ernesto Samper y se produjo el Proceso 8.000, que llevó a los estrados judiciales a 14 parlamentarios y a  26 altos funcionarios públicos. El contubernio se hizo más sutil y violento: crearon ejércitos de mercenarios para apoderase de los municipios y de las regiones; así se llegó al proceso de la “parapolítica” que vinculó a 83 parlamentarios, produjo más de 20.000 asesinatos y cuatro millones de desplazados.

De este modo el magnicidio de Galán no se resolverá mientras siga la alianza entre sectores del narcotráfico y dirigentes de la política tradicional. Por ello se completaron 20 años de impunidad.

El magnicidio de Galán: delito de lesa humanidad

Cuando se iban a cumplir 20 años del asesinato y el caso iba a prescribir porque el proceso estaba en el limbo, se logró la reactivación mediante la declaratoria de delito de lesa humanidad. En este punto el expresidente César Gaviria abrió un nuevo debate cuando afirmó que los norteamericanos, en ese entonces,  le tenían desconfianza al exdirector del DAS Miguel Maza Márquez, porque lo encontraban cercano al cartel de Cali. ¿Por qué este comentario 20 años después?

Por ahora el general Maza Márquez está recluido en el Centro de Estudios de la Policía, mientras tanto la Fiscalía busca nuevas pruebas para esclarecer quienes hicieron parte del complot para asesinar al emblemático líder.

Galán buscó salvar sus ideas y hoy, 20 años después, sigue vigente