26 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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El tránsito en Armenia

19 de agosto de 2009
19 de agosto de 2009

El transporte público se tiene que salir de la anarquía a la que paulatinamente se ha venido metiendo. Los conductores encargados del transporte de pasajeros no cumplen con sus responsabilidades y obligaciones y dan la impresión de ignorar las normas del tránsito en Colombia.

Es claro el código nacional del transporte en cuanto a los paraderos de los vehículos de servicio público colectivo urbano. Los conductores tienen que conocer el código nacional de tránsito y todas sus normas y si no las conocen, las empresas y las autoridades están en la obligación de enseñárselas para que las cumplan a cabalidad. Lo tienen que saber los conductores particulares, sino que devuelvan sus licencias de conducción de vehículos.

Todo aquel que conduzca un vehículo automotor debe saber que existen normas para recoger y dejar pasajeros y que los sitios permitidos están demarcados en el costado derecho de la vía en la que se va a recoger o dejar al pasajero. Eso en Armenia no lo cumple nadie y por esta violación al código, nunca se ve actuando a las autoridades de tránsito. Es como si las disposiciones fueran desconocidas por los conductores y por las autoridades.

Una disposición del CNT en su artículo 88 se refiere al tránsito por el carril derecho al transporte público individual —el taxi—. La norma es clarísima cuando dice que “cuando el vehículo de servicio público individual urbano transite sin pasajeros, estará obligado a hacerlo por el carril derecho indicando la disponibilidad para prestar el servicio, mediante luz especial destinada para tal efecto o la señal luminosa con la que indique que el vehículo está libre”. Nunca se hace. La anarquía es absoluta y la imprudencia es la que reina en las vías públicas de la ciudad.

No se hace educación pública, no existe el modelo de educación ciudadana y para que especialmente los conductores de vehículos de servicio público, cumplan con las normas. Obviamente las debe cumplir todo conductor, público o privado, pero es que en Armenia los “amarillos” del transporte público de pasajeros son insaciables en la violación a las normas, lo hacen en todos los sitios y horas construyendo un mal ambiente para la ciudad que está siendo cuestionada permanentemente por la anarquía a la que ha sido sometida por los conductores urbanos.

En Colombia es obligatorio el uso del cinturón de seguridad por parte del conductor y pasajeros ubicados en los asientos delanteros. En cualquier país del mundo la cultura del cinturón de seguridad se impone, aquí todos violamos la norma consignada en el artículo 82 del Código Nacional de Tránsito.

En Armenia parece que estuviera prohibido transitar ordenadamente por los carriles demarcados, cuando el código dice todo lo contrario en su artículo 60. “Los vehículos deben transitar, obligatoriamente, por sus respectivos carriles dentro de las líneas de demarcación y atravesarlos solamente para efectuar maniobras de adelantamiento o de cruce. Y ni qué decir de los peatones. El tránsito en Armenia es un caos también por la mala educación de los peatones que no han querido entender que su tránsito en las vías públicas se hará siempre por fuera de las zonas destinadas al tránsito de vehículos. Los peatones están en la obligación de respetar las señales de tránsito, pero en la ciudad ni conductores ni peatones las respetan. Las zonas vehiculares se invaden permanentemente por personas especialmente jóvenes que transitan en patines, monopatines, patinetas y similares. Los puentes peatonales no se usan y mientras tanto, los días pasando y el desorden va creciendo sin que nos detengamos a ver cuál va a ser el aporte de todos para acabar con la anarquía en el sistema de transito de la ciudad.