21 de noviembre de 2019
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El hijo de Doña Tránsito

9 de agosto de 2009
9 de agosto de 2009

El emblemático hombre de radio aprendió desde los bancos escolares a amar con devoción de cadete las divisas rojas de su Partido Liberal y de su poderoso DIM. Buena muela y buena copa, despachaba en la mesa con el mismo entusiasmo un plato montañero con todos los fierros o una botella de guaro destilado en la que solía llamar graciosamente la “Sacrosanta FLA”.

Un poco excéntrico, el jacarandoso Iván nunca pasó inadvertido por su tamaño corpulento y su recio chorro de voz que mantenía bien afinado, como instrumento sonoro. En mucho tiempo llegó a ser el locutor mejor remunerado de Medellín. Se le consideró el sucesor del mítico Luis García, el de Radiosucesos, el informativo de la vida nacional. Apasionado seguidor de las ciencias pitagóricas, en el Liceo Antioqueño ganaba dinero resolviéndole las tareas de matemáticas a sus compañeros.

La radio lo sonsacó de la Escuela de Minas, de la Universidad Nacional, donde estudiaba ingeniería, y mantuvo con él ardiente romance durante más de cincuenta años. Era tan bueno para las trasnochadas como para los madrugones.

No hubo guayabo capaz de forzarlo a incumplir su cita con la fiel audiencia.

Especialista en la música romántica interpretada por los tríos, los conoció todos, desde Los Panchos, Los Reyes y el San Juan hasta Los Romanceros y Los Embajadores. Tuvo para su deleite diario, en Radio Visión, una distinta visión de la radio, el programa “Su Trío Favorito”. Era amante de las serenatas y amigo de   todos   los  músicos de la Bella Villa.

Negado para el timón, no manejó carro. Le faltó paciencia para aplicarse a las enseñanzas de un buen instructor. Tuvo automóvil particular, pero lo chocó  a las pocas semanas de comprado. Su esposa Luz Elena Arango le servía de conductora. Ambos siempre iban en compañía de su hija, la amorosa Astrid Elena. Fue gran cliente y amigo de los taxistas
Sincero, franco, frentero, le gustaba definir negro o blanco y rechazaba las medias tintas. Sus colegas de oficio jamás lo vieron sin plata en la billetera. Trataba con mucho afecto en las emisoras a las señoras encargadas del tinto y el aseo. En Radio Reloj las ponía a dar la hora exacta. Era charlatán y chistoso con las   secretarias y un incansable defensor del oficio de ganarse el pan y el guaro con el sudor de la lengua.

En sus momentos de mayor esplendor, como presentador de las noticias y de la célebre “Canción del día”, en el noticiero de don Miguel, por   tomarle   el   pelo,   los coordinadores le pasaban cables internacionales  que entraban a los teletipos en Inglés y francés, los mismos que El Negro leía, al aire, como si le llegaran en   castellano. Amigo de Raimundo y todo el mundo, entre sus grandes camaradas tuvo a Guillermo Zuluaga, Montecristo, y a Pablo Emilio Becerra, El cabezón, quienes se le adelantaron en la partida.

Apegado al terruño natal, intentó probar suerte en la radio de Bogotá, pero desistió del proyecto y regresó precipitadamente a Medellín porque –según dijo- lo espantó el frío; allá había demasiados rolos; le parecía que la capital del país le quedaba muy lejos del Puente de la Toma, de la carrera Junín y de la urbe donde estaban su familia, sus amigos, sus oyentes, su bandeja paisa y el aguardiente de caña gorobeta.

Desde Boston, Estados Unidos, su discípulo Carlos Quintero Arroyave evocó la memoria de su maestro: “Iván me enseñó el formato para mi primer libreto en  Radio Sinfonía, donde me dejó su puesto para regresar a Clarín, al lado de don Miguel  Zapata. No conocí un mejor lector de noticias. Polifacético, emocional, creativo y amigo leal. Fuimos socios en “Óigalo”, programa que batió récord de   sintonía nacionalmente, a través de Todelar, con Darío Álvarez, Rubén Darío Arcila y Luis Fernando Posada. Fuimos compañeros en Radio Visión, en RCN y en Todelar.

Enseñaba mientras trabajaba. Era un ejemplo viviente, sin   secretos, ni esguinces.

Protagonista de una historia singular.

Idolatraba a doña Tránsito, su señora madre. Le encantaba que le dijeran El Negro. En noticias, en la radio, antes y después de Iván”.

La apostilla: El olfato periodístico condujo a Jairo Calle Coneo, “El Parce”, al apartamento de la familia Zapata-Arango, cinco minutos antes de que El Negro Grande de Gerona exhalara el último suspiro, tras cerrar para siempre la emisión gigante del último noticiero de su vida, en su apartamento del sector de Laureles. ¡Descansa en paz, negro querido!