16 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El gobierno debe aprender de las hormigas

13 de julio de 2009
13 de julio de 2009

El llamado Marco Fiscal de Mediano Plazo, que presentó el ministro de Hacienda, contempla mayor endeudamiento público, disminución de la inversión y el congelamiento de algunos programas sociales. Plantea, además, la necesidad de aumentar los impuestos para cubrir el gasto militar que quedaría desfinanciado en 2011, cuando expire el impuesto al patrimonio.

¿Cómo se va a financiar el déficit? Frente a la recesión económica y ante la escasez de recursos internos el Gobierno acudirá a préstamos externos por US$4.650 millones, y tendrá que hacer maniobras como la clase media con las tarjetas de crédito: prestarle a Pedro para pagarle a Juan. Como consecuencia por el mal manejo de la economía se deberá sacrificar la inversión pública. Al respecto el DANE informó que las obras civiles se derrumbaron 15 por ciento durante el primer trimestre de 2009 y la inversión pública, para el próximo año, tendrá un peligroso descenso.

Ya pasó el tiempo de las cuentas alegres y entramos en la etapa del camino tortuoso: caen los recaudos tributarios, disminuyen las exportaciones y se precipitan los índices de producción. La situación es grave porque no se ahorró durante la pasada bonanza. Con relación a la obligada política de endeudamiento del gobierno dijo el exministro de Hacienda Guillermo Perry que “se veía venir. Es lamentable que el Gobierno no hubiera ahorrado, en los buenos años para tener una situación más cómoda en las vacas flacas”.

La hormiga y la cigarra

Esta fábula de Esopo puede ayudar a explicar una parte de la crisis del país: El sol del verano ardía sobre el campo. La cigarra cantaba tranquilamente sentada en una rama. Comía cuando se le antojaba y no tenía preocupaciones. Entre tanto las hormigas trabajaban llevando la carga de alimentos al hormiguero. Terminó el verano. La cigarra sintió frío y hambre. No tenía nada para comer y se helaba. Entonces fue a pedir auxilio a sus vecinas, las hormigas. Llamó a la puerta del abrigado hormiguero y una hormiga acudió. La cigarra le pidió comida ¿Por qué no guardaste en el verano cuando abundaba? ¿Qué hiciste? le preguntó la hormiga. Cantaba, respondió la cigarra. ¿Mientras yo trabajaba? ¡Pues ahora baila!, dijo la hormiga dándole con la puerta en las narices.

La fábula tiene su moraleja: debemos ser prevenidos y pensar en el futuro. En la época de la bonanza algunos funcionarios del Gobierno se limitaron a decir que estábamos “blindados contra la crisis”.

Pero al Gobierno le resultó otro problema: la sostenibilidad de los recursos para la desprestigiada “seguridad democrática”, pues necesita recaudar más de un billón de pesos al año, para el gasto militar. Ya está planteado el debate sobre quién debe pagar por la seguridad democrática. Algunos proponen prolongar el impuesto al patrimonio, otros aumentar el impuesto de renta o la eliminación de algunas de las exenciones  tributarias. Seguramente se va a generalizar el aumento de impuestos para todo el mundo.

Ahora debemos recordar que el gobierno decidió, en épocas de vacas gordas, regalar impuestos para estimular la inversión privada. Al respecto escribió Salomón Kalmanovitz: “Cada año, y de manera creciente, el Gobierno devolvió impuestos por adquisición de bienes de capital y a las empresas que declaraban zonas francas, que incluyó a la de los Uribe Moreno, los que suman entre 6 y 8 billones de pesos por año. Además, quizá conociendo que no era legítimo ni conveniente, les firmó contratos de estabilidad jurídica a los beneficiados por 20 años, introduciendo una odiosa discriminación entre empresarios pendejos que pagan su obligación tributaria y los ventajistas que la evaden” (El Espectador, junio 22, 2009).

Por su parte Luis Carlos Sarmiento, el hombre más rico de Colombia, propone   que el impuesto  al patrimonio debe extenderse a la capa media, a los patrimonios que superen 200 millones de pesos.

Crece el sector informal y se dispara la miseria

En el ambiente de la recesión económica y en el desgobierno y vacío de poder que se presenta en Colombia, viene creciendo el sector informal. El 60 por ciento de la fuerza laboral está en la informalidad, más de cinco millones de personas del sector ganan menos del salario mínimo y viven en pésimas condiciones.

Así se creó el clima adecuado para que en  todas las ciudades broten los famosos “pago diario”; sistema de préstamo ilegal, controlado en algunas poblaciones por bandas delincuenciales y por desmovilizados que se especializaron en el negocio. Los usureros llegan a las personas necesitadas y les entregan dinero a intereses que superan el 10 por ciento diario. Así se generan ganancias por miles de millones de pesos y el desplazamiento o la muerte para las personas que no pueden pagar.

Esta es la cruda realidad. Se disparó el desempleo, especialmente entre los más pobres; la inflación elevó los precios y millones de personas comen menos y viven peor. Y como corolario la Unicef informó que en Colombia cerca del 12 por ciento de la población infantil presenta un problema de desnutrición crónica.

Y el presidente y su equipo todavía siguen enfrascados en la reelección y no han tenido tiempo para atender los grandes problemas del país.