20 de septiembre de 2019
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La extradición: la liebre en lugar del gato

21 de marzo de 2009
21 de marzo de 2009

Como era en un principio

Lo de la extradición era un asunto menor en mis tiempos de estudiante. Algún parágrafo del Código de Procedimiento Penal disponía la entrega del delincuente que se escondiera en Colombia al país donde hubiera cometido su delito; si la persona en cuestión también había delinquido en territorio nacional, se la entregaba después de haber cumplido aquí la pena respectiva.  Así de simple.  

La única complicación venía de los delitos políticos (pues para entonces no había tratadistas como José Obdulio para negar la noción misma de un “delito político”). Podría ser que el presunto extraditable en realidad fuese alguien perseguido por motivos políticos, y para descartarlo la justicia local tenía que estudiar el caso (en el mismo orden de ideas, se pedía que el delito estuviese tipificado también en nuestra ley, o que la pena no excediese la que aquí tenía prevista).

Tan vieja y tan sencilla como los buenos modales, la extradición era el modo de evitar la impunidad sin tener que invadir ni atacar a los países vecinos (porque eso del “bombardeo en legítima defensa” es una perla que habría de esperar a otra mente capaz de reinventar todo el derecho internacional con esas cuatro palabras).  

En resumen:

-La extradición era un recurso estrictamente legal y estaba rodeado de cautelas para evitar que lo usaran como instrumento político.

– Su alcance estaba reducido al ámbito internacional, puesto que no afectaba el curso de la justicia en Colombia.

– Quería combatir la impunidad pero en el marco escrupuloso del respeto a la soberanía de los otros países.           

¡…y el gringo ahí!

Pero el lío se formó cuando la extradición a Estados Unidos reemplazó a la  justicia colombiana. Nuestro Código Penal quedó en el aire y el asunto pasó a ser el hilo conductor de nuestra historia patria (también llamada historia republicana). Ya llevamos 30 años:

– Como embajador de Julio César Turbay en Washington, Virgilio Barco suscribió el Tratado en 1979 (el 14 de Septiembre, por más señas)

– La Corte Suprema (para entonces a cargo del control de constitucionalidad) tumbó la ley aprobatoria del Tratado en 1980 porque tenía una firma que no era (la del Germán Zea, ministro encargado de la Presidencia).

– En 1986 y ahora en calidad de Presidente, Barco vuelve a firmar la nueva ley aprobatoria del Tratado.

– La Corte Suprema vuelve a tumbar la ley en 1987, “por vicios en su formación o trámite” (es decir, por miedo).

 – Invocando las facultades del “Estado de Sitio”, el Presidente Barco decreta  la extradición en Agosto de 1989.

– Entonces Pablo Escobar (”mejor una tumba en Colombia que una cárcel en el extranjero“) declara la guerra que por tumbos condujo a la Constituyente del 91, y esta de un tajo prohíbe la extradición en el Artículo 35 de la Carta.

– Siguieron la comi-tragedia de  La Catedral (una cárcel hecha para evitar el ingreso y no la fuga de los indeseables) y la tragedia a secas de la elección de Samper en el 94. Si alguien no quiso ver la tan sonada “prueba reina”, aquí tenemos dos pruebas reina de que en Colombia no existe la justicia (y por lo mismo, paradójicamente, la extradición sí estaba justificada).

– Arrinconado por los narco-casetes y las demás “pruebas reina”, el Presidente  Samper se ve obligado a lograr que el Congreso modifique el Artículo 35 de la Constitución en 1997: la extradición ahora existe sin que exista el Tratado. 

– Después de las movidas “retrecheras” de Samper, Andrés Pastrana extradita a 78 narcotraficantes en cumplimiento de su Plan Colombia.

– Y por supuesto el Presidente Uribe hasta esta fecha ha entregado 812 prisioneros a la justicia de Estados Unidos.

Y sin embargo

Después de tantos ires y venires, la extradición ha tenido dos problemas: que no ha servido para lo que buscaba, y que ha servido para lo que no era. 

-El fracaso lo admitió nadie menos que el gringo que arrinconó a Samper y revivió la extradición en Colombia. Según dijo Myles Frechette esta semana, “la extradición se propuso como el vehículo para acabar con los narcos… cuando sabíamos que si capturábamos uno aparecían otros para sustituirlos. Debimos ser más honestos“. Y es que para un país que tiene más de dos millones de personas en las cárceles, y donde cada preso cuesta un dineral (es más barato mantener a un estudiante de posgrado) eso de andar recibiendo traquetos no resulta nada bueno.

-Y mientras tanto Uribe convirtió la extradición en la herramienta central de  su política interna. Lo hizo porque le convenía y con un argumento tan poco elaborado como son los suyos: declaró que “la extradición no es  solamente un instrumento de cooperación internacional, sino además un medio para manejar el orden público“. Punto.

Al decidir quiénes serán castigados de verdad, el Presidente asume la tarea del juez, con lo cual rompe la separación de poderes (punto éste que Eduardo Cifuentes explicó muy bien en Razón Pública). Pero hace tiempo que en Colombia no importa el estado de derecho, y la amenaza de extraditar se convirtió en la clave y en el secreto de la política de Seguridad Democrática:

– La extradición fue el fantasma detrás de las negociaciones de El Ralito (aunque Luis Carlos Restrepo siempre dijo que nunca dijo -ni evocó ni implicó- la palabra “extradición”, porque en Ralito no hubo negociaciones).

– La extradición fue el castigo de verdad a los 14 ex comandantes de la AUC que “le pusieron conejo” al Presidente Uribe (aunque fueron los gringos quienes en realidad se impacientaron y le exigieron a Uribe que los entregara,  porque el  “conejo” consistió en haber seguido despachando droga desde la “cárcel”).

 – La extradición fue la manera de abortar el (mal llamado) intercambio humanitario, puesto que “Sonia” y “Simón Trinidad” en manos de las cortes de Estados Unidos sencillamente no pueden ser canjeados.

– Y en fin, la extradición es la forma de probar 812 veces que la plata de los gringos en Colombia está bien invertida (aunque el Señor Vicepresidente, en otro arranque de estadista, ahora sostiene que esa plata no hace falta).   

Los gringos, otra vez

También los gringos usan la extradición para el consumo interno:

– Durante 30 años la extradición les ha servido para mostrar resultados es decir, para legitimar y sostener una “guerra” que están librando en el lugar equivocado.

-Y al protestar ahora por la que llama “incoherencia” de la Corte Suprema, el Gobierno de Estados Unidos  pinta la extradición como parte de la cruzada contra el terrorismo, puesto que a “Gafas” no lo pidieron por narcotraficante (y mucho menos presentaron pruebas): lo pidieron por el delito de secuestro de los tres “contratistas” americanos.

Y otra vez, la impunidad

El secuestro es un delito más grave que el tráfico de drogas, así que en sana lógica la extradición se justificaría más en el caso de “Gafas” que en muchos otros casos. De hecho, se justifica más que en casi todos los 812 casos que le han tocado a Uribe y que los 78 de Pastrana.

Y es porque casi siempre los delitos horribles se han cometido en Colombia y contra ciudadanos colombianos: asesinatos, masacres, desplazamientos, compra de congresistas, secuestros, violaciones y corrupción al por mayor.  Al recurrir a una justicia sustituta quedan impunes los crímenes peores:

– “Simón Trinidad” fue absuelto dos veces en New York porque los jurados no encontraron pruebas de que hubiera participado en operaciones de narcotráfico. En Colombia había sido condenado 30 veces por los delitos de terrorismo, rebelión, concierto para delinquir, secuestro y homicidio múltiple (incluyendo los de Consuelo Araujo, Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri)[1].

Ninguno de los 14 ex comandantes de las AUC que el Presidente Uribe ha entregado a la justicia norteamericana volvió a “colaborar” con nuestros tribunales y sus muchos procesos quedaron truncados. El último de los extraditados, “H.H.”, salió este 5 de marzo aunque en Colombia debía responder por 1.300 cadáveres. A pesar de las promesas solemnes de lado y lado, los comandantes no han vuelto a declarar en los procesos por parapolítica debido a “fallas de coordinación administrativa y técnica“. Tampoco han aportado ni una gota a los procesos de la (mal) llamada “Justicia y Paz” porque cualquier declaración adicional “podría perjudicar su situación legal” en Estados Unidos.

Cientos de miles de víctimas de “Trinidad”, de “Sonia” y de 14 jefes paramilitares se han quedado sin verdad y sin justicia y sin reparación. Eso es impunidad.

En resumen       

La extradición nació como un medio legal e internacional para evitar la impunidad sin violentar la soberanía, pero el gobierno colombiano la convirtió en un arma política e interna que produce impunidad y al mismo tiempo entrega la soberanía.                

Nota de pie de página


 

[1] Finalmente “Trinidad” fue condenado a 60 años de cárcel por conspirar para el secuestro de los estadounidenses Keith Stansell, Thomas Howes y Marc Gonsalvez: Es decir que hubo “justicia” pero por el delito para el cual no es admisible la extradición, según sentenció la Corte en el caso de “Gafas”.